Categoría: Crónica

NOCHE DE REYES

Como a Peter Paning se me escapó la magia cuando los años comenzaron a acumularse en mi D.N.I. tras la tan ansiada mayoría de edad, descubriéndome esa cara aún desconocida de una realidad apenas esbozada con la candidez de la imaginación infantil.

Se fueron perdiendo los momentos sublimes llenos de fantasía y creí no echarlos de menos hasta que una nueva vida lleno la mía, y tras ella otra, y otra más, revolviendo mi compostura, mi falta de fe en las hadas, en los sortilegios, en la fantasía y en todo aquello que, en un día como hoy, debería de disfrutarse en cada hogar.

La adrenalina del encantamiento me envolvía, contagiaba mis días previos y posteriores. La vigilia por formar parte de esa atmósfera mágica, los nervios, la reconstrucción perfecta de cada sueño, el afán por preservar la magia… me movían a vivir un día tal como hoy, víspera de Reyes, con la mirada y el sentir de un niño.

Pero el tiempo no perdona y mis «hoy» desde hace unos años, me han devuelto la realidad del peso de mis años. Mis niños no lo son tanto. Ya no necesitan que sea cómplice de la magia de los Reyes Magos, y de nuevo vuelvo a esa etapa fría y descreída en la que el hechizo parece desvanecerse.

Me resisto, peleo, me rebelo, quiero sentir la ingenua alegría e ilusión de sus años primeros.

¡Qué viejos nos hacen los hijos! Nunca lo imaginé cuando yo también era hija.

CANTÁBRICO

Puedo sentir tu llamada en la distancia. El bullicio que se alza en el baile de las aves sobre la cresta de tus olas. Siento el hueco que reclamas en mi interior. En las noches de luna mis mareas se alejan en tu busca. Por mis venas corre tu salitre y tus corrientes empujan mi aliento cuando las tempestades azotan. Me busco en tu bravura, en tu ímpetu, en tu indomable rebeldía. Acecha mi mirada el silvestre paisaje que defiende tus playas

Cierro los ojos y mis oídos buscan convertirse en caracolas por devolverme tu voz incluso cuando entre ambos median tantos kilómetros de distancia.

Imponente, arrebatado, oscuro y temible en tu furia. Seductor, fascinante, indulgente y alentador en tu pacífico descanso.

Criatura marina, mi tiempo está unido a tus matices, a tu sabor, a tu caricia.

Y hay días en que mi sed de ti inflama mi garganta.

TÚ EN MIS PALABRAS

Escribir, para mí, siempre ha sido una manera de mantener el equilibrio en un mundo que, a veces, se convierte en un cable suspendido sobre un espacio difícil de transitar. La manera de derramarme cuando el recipiente que soy amenaza romperse.

En el universo de la escritura he sido siempre más yo que en mi propio mundo. La escritura y la lectura me han custodiado durante casi todo el camino que llevo recorrido. Junto a ambos he sido capaz de resistir los embates de la existencia, los cambios de mi naturaleza, el descubrimiento de mis sombras, de mis luces. He compartido con ellas mis amaneceres, mis ocasos, mis inviernos, mis veranos, mis entretiempos…

Escribo por pura supervivencia. Porque late en mí la necesidad de que la tinta recoja mis introspecciones, mis juicios, mis locuras, acogiéndome a una confidencialidad tácita existente entre las letras y yo desde el mismo día en que, al encontrarnos, descubrí que serían mi refugio y ellas aceptaron resguardarme.

El valor de mis letras es el que tienen mis seres querido. Quizá por ello no demasiadas personas han conocido esta particularidad sobre mí. Los afectos suelen ser algo que guardo celosamente en mi interior y que sólo afloran cuando entran en contacto con el destinatario de éstos. Eso sí, cuando brotan pueden llegar a ser de una magnitud, quizá, un tanto arrolladora.

Todo este preámbulo para decir que, lejos de lo que yo siempre he imaginado, deseado o esperado -a pesar de que a muchas personas pueda costarles creerlo-, uno de mis trabajos ha visto la luz. Una salida impulsada por una mano, ajena a la mía, que lo hizo volar al lugar donde las palabras se aprestan a ser liberadas para recorrer mundo.

Así que me encuentro ahora en el momento en que toca responsabilizarme de mis obras, y nunca mejor dicho, en este caso, de mi obra, y presentar en éste, mi espacio, mi poemario «Tú en mis palabras». Un trabajo que tiene, para mí, un significado especial y que espero que ahora que abandona el resguardo de mi ordenador, sea capaz de alcanzar el alma de quien lo lea.

Pues lo dicho, volando libre está «Tú en mis palabras». Buen viaje, que tengas mucha suerte.

EN DÍAS DIFÍCILES

Se me va haciendo difícil no estremecerme con cada revés que me propina la vida, sintiendo el coraje escapar de forma abrupta, como quien recibe un fuerte golpe en el estómago capaz de vaciar el aire de los pulmones. Como la hoja que en otoño intenta aferrarse a su rama, trémula, ante la perspectiva de abandonar su quietud. Porque en éste, mi otoño, mi alma busca más que nunca la quietud. Esa quietud que permite el descanso de la mente.

No puede decirse que los cimientos donde he intentado asentarme hayan sido completamente firmes, sin embargo, pese a las sacudidas inevitables de la vida, me sentía capaz de soportarlos imbuida en el brío y resistencia que la juventud parece conceder. Esa edad extravagante capaz de transformarnos -como esos personajes de ficción- en colosos. Sin temor a sostener el mundo entre las propias manos si fuera necesario. Pero a lo largo del camino, han sido muchas las veces en que mi travesía se ha transformado en tierra que parece desintegrarse a cada paso que se ha de dar.

Más a menudo de lo que desearía, me veo enfrentada a momentos de pánico en los que la angustia y el miedo oscurecen la sombra de mi mañana removiendo mi presente. Son instantes que no me permiten hacerme eco de todas esas premisas -o eslóganes- que se lanzan como revulsivo de la desesperanza y la rendición.

Sin embargo, tras cada batalla superada, he perfeccionado métodos para desterrar la ansiedad. El más eficaz suele ser la música. Y lo cierto es que son muchas las ocasiones en que lo logra, pero tiene una contraindicación, como toda medicina -incluso la del alma- y que consiste en que de igual sutil forma con que barre la desazón de mi interior, también suele arrastrar mi vulnerabilidad dejándola expuesta al salobre aguacero que suele seguirla.

Así y todo, no dejo de acudir al dispensario musical cada vez que los síntomas logran afectarme. Afortunadamente, junto a la música, cuento con otro buen remedio para formar una alianza capaz de brindarme garantía de recuperación, la escritura. Y aquí estoy, escribiendo y escuchando música una vez más. Mis compañeros de armas en días difíciles.

BLUE

Hay días que a una parece peinarla -o despeinarla- un aire melancólico que se empeña en revolver no sólo el pelo, sino los pensamientos en general.

Y las palabras que van emergiendo de entre los labios, de entre los dedos, de los rincones que la mirada escarba, parecen caer lánguidas, como saturadas gotas de lluvia estival.

Son días que invitan a ocupar cualquier escondrijo, juntar las rodillas contra el pecho rodeándolas con los brazos, y espiar al mundo, a resguardo en la quietud de un paréntesis.

Hay días que los párpados pesan y caen como gruesas cortinas, zambulléndonos en un interior acuoso e inundado de imágenes que buscan palabras: las que quizá fueron dichas, las que tan sólo se susurraron, las que ni siquiera abandonaron la guarida del alma o las que aún quedan por decir.