Categoría: Microrrelato

¿HABLAR O CALLAR?

Había tomado asiento en el sillón de piel gastada. La mirada perdida en la superficie raída y los dedos buscando su roce desigual. Las paredes habrían lucido un rostro más distinguido tiempo atrás, pero ahora se veían marchitas y descoloridas, extendiendo por la estancia un ambiente poco acogedor y que sin embargo la encantaba.

—Hoy has llegado pronto.

Su voz profunda y rica en matices siempre le recordaba a los locutores de radio. Le resultaba hipnótica y sedante, más que las pastillas que debía de tomar cada día.

Moviendo la cabeza repetidas veces, asintiendo, alzó los ojos para encontrarse con los gruesos cristales de las gafas de aquel hombre.

Ladeó el rostro para intentar descubrir en la montura de oscura pasta aquella pequeña falta que tanto la obsesionaba. Había veces que se pasaba toda la consulta luchando por no levantarse, salvar el espacio entre ambos y posar el dedo por la parte deteriorada.

Hablar, siempre hablar. ¡Por qué demonios se empeñaría todo el mundo en que hablar era la forma de solucionar las cosas! Ella amaba el silencio, su silencio. Aquel silencio en el que se sentía libre y ligera. Hablar estaba demasiado sobrevalorado.

VENDRÁ EL CREPÚSCULO A ARRUINARNOS LA TARDE

Son las seis, la luz no ha llegado aún, pero se presiente su proximidad. Huele a limpio, un nuevo día por estrenar, no se sabe ni qué color le acompañará. Es lo mágico de los amaneceres: les precede un número ilimitado de promesas. Unas se cumplen, otras no.

Algunos madrugadores ya le saludan, impacientes por estrenar otra jornada más le reciben llenos de energía. Otros permanecen agazapados, a salvo en su inconsciencia. Como si retrasaran el inevitable inicio. Antes o después, lo mismo da, el día pasa para todos por igual.

Como hormigas de patrulla, la gente va llenando las calles poco a poco. Pronto se convierten en arterias por las que discurre una marea cambiante. Se incorporan máquinas que echan humo y emiten estridentes ruidos.

La ciudad, los pueblos, el campo, la costa, todo inicia la cuenta atrás de otro eslabón que formará parte, inevitablemente, del calendario. E imbuidos de la extravagante felicidad que provoca estrenar algo, cualquier cosa, incluso un simple nuevo día, acumulamos expectativas como cupones a canjear cuando el itinerario se va torciendo.

Y en estas sensaciones que despiertan en el amanecer, ni siquiera somos capaces de sospechar que, irremediablemente, vendrá el crepúsculo a arruinarnos la tarde.

LA OVEJA NEGRA

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

AUGUSTO MONTERROSO

ELLA

Ella marca muchos de mis pensamientos y deseos. Es protagonista de los sueños y ensueños que me embargan. Miro con detenimiento las escasas fotografías de su persona que obran en mi poder y no me canso de admirar su imagen. Son imágenes sencillas, normales; Desconozco su imagen desnuda, su cuerpo natural con el que sueño y me recreo mentalmente mientras paseamos por playas solitarias. Una mujer joven, atractiva, pelo largo, tentadora, silenciosa. El tiempo y las circunstancias nos fueron acercando, pero no en kilómetros.

Ella escribe desde su interior más íntimo con palabras que levantan el espíritu y la confianza en el amor. Es auténtica y fiel a sus sentimientos más profundos. Capaz de los sacrificios totales por aquellos a los que ama. Envidio su entorno. Ella da seguridad aunque las dificultades le causen inseguridad. Ella….. Merece un cielo de nubes de colores, con seguridad y entrega.

Ella también sueña con viajes y encuentros sorpresa. Es capaz de entregarse sin reservas y con un amor intenso. Ella reclama el gozo y el éxtasis intenso del encuentro carnal. Ella es la vida. Ella ama la música, ella vive el momento de forma intensa.

Ella siempre puede cerrarse en su propia concha ante la incomprensión ajena. Reserva su propio espacio interior en el que nadie tiene cabida, esa zona reservada e inaccesible. Ella es así. Ella me gusta. Ella.

Nunca podré liberarla. Por eso seguiré preso de mis deseos. Y de mis sueños.

F.S.L.

FINAL PARA UN CUENTO FANTÁSTICO

-¡Que extraño! -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada!

La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.

-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!

-A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.

Pasó a través de la puerta y desapareció.

I.A. Ireland