NOCHE ETERNA

El alma se debilita…
en esta continua disputa contra la razón.

La mente esgrime razones que el alma niega,
no sé si por inciertas o por indiscutibles.

Y mientras, el tiempo, augusto e ingobernable
se recrea atormentándonos.

Cuando nuestro espacio se funde
resbala entre nuestros dedos
desafiándonos, mostrándonos sin tapujo
su lazo con la inevitabilidad.

Y si nuestros pasos se desunen
sintiéndonos remotos, perecederos el uno sin el otro,
el tiempo se muestra lejano en su divinidad,
ajeno al sentir del espíritu,
dejándolo languidecer
en la eternidad de horas que se encadenan
minuto a minuto, segundo a segundo,
pesadas, opresivas, devastadoras…

Pero en esta utopía de someter al universo,
atraviesa el espacio la fuerza de este sentimiento
que me nutre, que me sostiene,
incluso cuando las sombras
amenazan confinarme en una noche eterna.

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