Categoría: Poesía

    I    (En Ritmos Poéticos)

Acaso despertar a lo evidente
te ocasione más daño todavía,
mejor seguir en la melancolía
que adormece tu pena dulcemente.

Todavía aletea y no es reciente,
el vuelo de aves negras que desvía
la mágica ilusión que día a día
dejaba en tu interior huella latente.

Era tanto tu amor, tan desmedido
que aún tras la traición no comprendías
que lo que tanto amabas ya es olvido.

Y buscas en las noches y en los días
la mágica ilusión que no has perdido,
que guardas entre viejas melodías.

Palmi Merino

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SU NOMBRE ERA NOSTALGIA

Su nombre era Nostalgia;
respiraba recuerdos,
reía locuras,
se vestía de ausencias
y apretaba las manos
reteniendo la inexistencia de lo perdido.

Recorría suspiros
bailando baladas desusadas,
conversaba con Soledad
remendando arañazos remotos.

Perseguía las huellas
que separaban el ayer del hoy
para reconstruirse el alma.

Su nombre era Nostalgia,
y ajustaba sus pasos
a quien atravesara la niebla
que enmaraña tristeza y ternura.

QUIZÁ EL AMOR ES SIMPLEMENTE ESTO

Quizá el amor es simplemente esto:
entregar una mano a otras dos manos,
olfatear una dorada nuca
y sentir que otro cuerpo nos responde en silencio.

El grito y el dolor se pierden, dejan
sólo las huellas de sus negros rebaños,
y nada más nos queda este presente eterno
de renovarse entre unos brazos

Maquina la frente tortuosos caminos
y el corazón con frecuencia se confunde,
mientras las manos, en su sencillo oficio,
torpes y humildes siempre aciertan.

En medio de la noche alza su queja
el desamado, y a las estrellas mezcla
en su triste destino.
Cuando exhausto baja los ojos, ve otros ojos
que infantiles se miran en los suyos.

Quizá el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y olvidarse.
Cada uno permanece siendo él mismo,
pero hay dos cuerpos que se funden.

Qué locura querer forzar un pecho
o una boca sellada.
Cerca del ofuscado, su caricia otro pecho exige,
otros labios, su beso,
su natural deleite otra criatura.

De madrugada, junto al frío,
el insomne contempla sus inusadas manos:
piensa orgulloso que todo allí termina;
por sus sienes las lágrimas resbalan…
Y sin embargo, el amor quizá sea sólo esto:
olvidarse del llanto, dar de beber con gozo
a la boca que nos da, gozosa, su agua;
resignarse a la paz inocente del tigre;
dormirse junto a un cuerpo que se duerme.

(Antonio Gala)

DIME TU NOMBRE

Dime tu nombre
con la paciencia de la noche
y la misericordia de la espera.

Alumbra este cuerpo frío.
Resucita esta carne
reseca de ser nadie.

Dame tu boca
para que sea mía.
Amárrala en mis labios
para que nos ensalce de alegría.

Dime que me quieres.
Dame una imagen del mundo
menos agria que la mía.

Manuel Ruiz Amezcua, poeta andaluz, de tintes lorquianos.

Descubrí este poema y a este poeta de mano de un amigo entrañable, con el que compartía el amor por las letras.