Categoría: Poesía

MI CAUCE

Desviaron mi cauce
arrojándome a los brazos,
fríos e inclementes,
de una nodriza gris e impaciente.
Y crecí en un lugar artificial
en el que todo se cuantificaba.

Progresé adecuadamente
hasta descubrir la puerta que me devolvía
pedazos de mi memoria atávica
retornándome a los cálidos brazos
que me empapaban con su esencia,
aún vital y franca
a pesar de las atrocidades sobrevividas.

Soy tierra húmeda y verde bosque,
soy río veloz y escarpada montaña,
soy mar y marea,
brisa y tormenta,
soy hija natural de una indómita tierra,
corre por mis venas el norte,
peina mis sueños el Cantábrico
y acaricia mi llanto el xirimiri.

Idoia Mielgo Merino_firma

DESAJUSTES

Hoy has querido aullar,
deshacer, desafiar,
enseñar las garras
y marcar tu espacio,
demostrarte —quizá—
que puedes ser feroz,
independiente y temeraria.

Se extinguió tu voz al nacer
¡tanto llanto!
que selló tus labios.

Contemplas las manos huecas,
anulado su vigor
en un continuo desgobierno.

Reducen tu espacio,
tiran de ti,
cargan sobre tu espalda
el peso ajeno
domesticando tu espíritu
para que formes parte
de un enjambre amansado.

Idoia Mielgo Merino_firma

NADIE MOJABA EL AIRE…

Nadie mojaba el aire
tanto como mis ojos.
Me decías:  «¿Trabajas?»
Me decías:  «¿Ya es la hora del té?»
Y yo no te decía:  «Te amo»;
no te decía:
«Eres todo lo que tengo»;
no te decía:
«Eres la única rosa en la que caben
todas las primaveras».
Me decías:
«Adiós, hasta mañana».
O me decías:
«¿Necesitas algo?».
Y yo no te decía:
«Me estoy muriendo
de amor… me estoy muriendo».
Nadie mojaba el aire
como yo.

MI TORMENTO

En medio del caos
te alzas
para poblar mis oídos,
sobrecogidos,
de rumor de caracolas
escondidas
en las palmas de tus manos.

Si tiemblo,
cálido llega tu aliento
confundiendo
en el naufragio de mi instinto
ansia y frío
en esta primavera invernal.

Paladín
en mis batallas perdidas
empuñando
el estandarte de un alma
rasgada.

Y entre sábanas de espuma
tú, mi mar,
arrinconas las tormentas que asolan
nuestra realidad.

Oigo aullar el hambre
fuera
embistiendo mis principios.

Sofocas,
en un diluvio de besos,

mi tormento.

Entre la niebla

Idoia Mielgo Merino_firma