Categoría: Poesía

EL ÁRBOL QUE APRENDIÓ A MORIR

Bajo una luna pálida, cenicienta,
un árbol eleva su esqueleto de sombra,
ramas torcidas —como oraciones frustradas—
arañando, con negros dedos, la garganta de la noche.

No canta el viento, gime,
en cada rama que cruje sin voz,
y la niebla le cose un manto
de ausencias y promesas rotas.

El tronco guarda secretos endurecidos,
latidos que se rindieron al invierno,
y en su sombra antigua
dormitan las cosas que no pudieron irse.

La soledad resbala, se arrastra
sobre el corazón de madera,
viene a beber de su lecho
la memoria
de los que cayeron sin despedida.

Ese árbol no espera la primavera,
espera el olvido latiendo despacio,
que la luna cierre los ojos
y lo deje a solas
con todo lo que retiene.

Porque hay raíces
que no buscan agua,
buscan silencio.

Idoia Mielgo Merino_firma

SEMILLA EN LA TORMENTA

SEMILLA EN LA TORMENTA
Irrumpe la lluvia
de fuego y estruendo.

El paraíso se nubla
hasta diluirse su esencia
con la realidad siguiente…

Rumor de pasos perdidos,
que tiemblan en la nada
y la vuelve memoria
de ciudades que laten heridas,
con la esperanza arrinconada
en mercados de ceniza y prisa.

La noche puede cubrirlo,
el miedo puede asfixiarlo,
y la tierra, cansada de hombres,
tiembla en su hondo silencio.

Pero aún en las húmedas sombras
una semilla persiste:
certeza de que seguimos,
aunque el mundo se derrumbe.

Idoia Mielgo Merino_firma

LAZO Y LIBERTAD

Cerrar los ojos y saltar al vacío
superando el vértigo, sin límites,
mientras tu nombre se queda entre mis labios
—talismán que destierra oscuridades—
y todo tú buscas huellas del pasado
que borras con tus besos,
derramados sobre mí
como ansiado aguacero
en un sofocante día.

Y se filtran por mi piel ardiente
semillas que se entierran en el alma
horadándola, bañándola, retoñándola.
Me desnudas despacio la inseguridad
explorando mis secretos,
y en tu ser, mi ser se desvanece
cegando mi conciencia
e indultándome el corazón.

Idoia Mielgo Merino_firma