Categoría: Poesía

VIRUS

Sombrías nubes
se amontonan en un cielo herido.
El sol derrama su sangre
en agónico intento
por encender conciencias,
por adelantar la primavera
para que la vida estalle
y se derrame la sensatez
sobre los hechos estériles,
en un mundo que hiberna,
sordo al clamor de los tiempos
que olvidan el pasado
y despeñan el futuro.
La clave está en tejer minutos
en el tiempo presente
que conformen la resistencia
contra esta desgana
que infecta a la humanidad.

ESTOY

Estoy.
Lo sé, a pesar de continuar donde estamos.
Hay veces que la distancia parece crecer.
En ocasiones un silencio
se entierra más profundamente
que las palabras repetidas.
Quizás oí tu silencio.
Te ofrezco espejismos que rompen
contra los arrecifes que rodean estos días,
convirtiéndose en espuma.
Y tú esperas…
perseverante, imperturbable.
Te imagino arena
en espera de la caricia del mar.
Te sigo buscando
escondida entre mis inquietudes,
exiguo consuelo, lo sé;
ni siquiera las manos,
esas que, al pasear, se prenden a las tuyas
me responden.
Mi interior se agita
impaciente, ante la ausencia de indicios
que anuncien que ya todo está en calma.
Amaina la tempestad, despacio…
Necesito del refugio que me descubrieron tus brazos.

EN EL PANTANILLO

                                                                                              A don Federico Valle

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Mis dedos teclean iguales… (acaso contribuyan con sus ruidos a aumentar los fondos de los ruidos naturales).
Las voces se elevan queriendo matizar las aspiraciones de soledad a que obligan los espacios. Cánticos pujantes de fragancia primaveral caen sorpresivamente en la niebla. Los espacios espesan las notas. Labios cerrados por arrugas hábilmente conseguidas. Labios plegados sobre dientes felices. Labios que ríen bajo la opresión tensa del ungido manto de varios tonos (yo rojo, tú azul, él verde, ella gris…). Comienza la lid cromática. Cada color requiere un espacio mayor en la tela. Claro que ninguno quiere sucumbir. Claro que ninguno desea disolverse anónimamente. Y así se sigue, así se camina, así se mira esfumar las blanco-negras hojitas de este calendario que transpira el sudor de un calor intangible.

Alejandra Pizarnik

ME SENTÉ

ME SENTÉ sobre las ruinas de la tierra para oír su queja y enjugar el llanto de aquel que llora junto a mi corazón. Y la paz fue mi vergüenza y su verdad un iceberg sobre las aguas de las inundaciones…

y tuvo a bien el limonero cederme sus matices, el color en la degradación de sus tonos, tintura fiel de los tejidos muertos, y el fuego entonces rodeó mis pensamientos,

en el destierro de las lágrimas.

Sigo aquí, estático, en el lugar de la cólera, mi corazón se acuesta en las humillaciones aunque mis versos propugnen —en esencia— las condiciones de su oficio,

la razón por la que fueron convocados;

y aún no conozco nombre ni señal del que vigila al final del laberinto.

Bajo el ligero peso de la nieve. Pablo González de Langarika

SED DE TI

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas…
Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.
La boca tiene sed, para qué están tus besos.
El alma está incendiada de estas brasas que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.

– Pablo Neruda –