Categoría: Crónica

ROSA Mª MARCILLA PIQUER

Cover guitarra_Música para recitar poesía.

Hace años descubrí la poesía oriental. Entre el abanico que se desplegó ante mí, me fascinó el «haiku», con una métrica precisa, con una naturaleza delimitada y que nace en un espacio tradicionalmente de pura naturaleza. Por estas características tan específicas resulta especialmente intenso. Como suele decirse sobre este estilo de poesía, es como obtener una instantánea que ha de alcanzar nuestros sentidos, remover las emociones. Algo tan breve que ha de conseguir la excelencia dentro de la poesía.
Me he adentrado en el universo «haiku». He discurrido algunos tramos a su lado y he descubierto también que es un estilo que me gusta, que te exige, que desafía la concepción clásica y, cómo no, en su momento acepté ese desafío.
Hace unos meses me hice con la poesía completa de Matsuo Basho, considerado uno de los cuatro grandes maestros del haiku junto a Yosa Buson, Kobayashi Issa y Masaoka Shiki. También recientemente decidí conocer un poco más sobre los trabajos de una compañera de editorial, Rosa Mª Marcillas Piquer, cuya obra, Doscientos haikus de amor y una canción encadenada, se editó en 2020 con la editorial valenciana Olé Libros. Este poemario es una obra a dos voces. Junto a ella, participa el escritor villenense Pedro Villar Sánchez. Rosa Mª es una enamorada del haiku y la tanka. Tiene otro poemario a dos voces, Deja que el viento pase, de nuevo con Pedro Villar Sánchez. En este segundo trabajo, podemos sumergirnos en la «tanka», también de origen japonés que consta de cinco versos, pentasílabos el primero y el tercero, y heptasílabos los restantes.
Sin embargo, en esta crónica quiero referirme al poemario en solitario de Rosa Mª Marcillas Piquer, Más allá de la piel, que según comenta su prólogo, muestra una voz profunda, íntima y vital ya vislumbrada en sus primeros libros. Apenas estoy comenzando a saborearlo, a recrearme en sus versos y la mirada de su autora y me puede la impaciencia por devorarlo.
Más allá de la piel resulta una obra más que recomendable, desde estas líneas sólo puedo felicitar a su autora.

                        

RELATO DE DOMINGO

Sopla el viento anunciando la cercanía de una estación que se aproxima inexorable. Alzo mi rostro para aspirar la fragancia que la precede. Es el otoño, un entretiempo en el que la naturaleza me atrapa y libera, me inspira, me desordena y me acoge.

Domingo sereno tras borrascas de verano. Momento perfecto para sumergirse en la lectura.

                                       

Ahora que mi tiempo se termina y apenas puedo levantar mi rostro. Ahora que ni la vestidura soporto contra mí porque en la agonía final el más ligero temblor me inclina ante el precipicio en el que he de extinguirme. Ahora, y sólo ahora, deseo gritarte todo aquello que he guardado entre los pliegues que me han cubierto durante mi temporal existencia.
No te hablaré del principio porque aún siento que antes de ti no había nada. Perdura la huella, como grabada a fuego, de la primera vez que te vi. A través de una cortina de lluvia de la que huías, agazapada, entumecida por el frío y el peso del agua sobre tu cuerpo delicado. Se detuvo el tiempo, ¡ah… el tiempo!, un concepto que cambió al conocerte. Yo, inmóvil, dejando que el agua diluyese tu visión por si tan sólo fuera un espejismo. ¿Después?, no sé. Mis días esperándote, buscándote siempre en el mismo lugar. Contraída el alma ante la expectativa.
Una vez llegaste, deprisa, inquieta como siempre que el sol lucía. Apenas me rozaste, algo fortuito, y pude sentir cómo estallaba mi mundo llevándome contigo a través de burbujas azuladas, como el cielo en el que tantas veces te perdía. ¡Si hubieras podido escuchar las notas que aquellas casuales caricias me arrancaban formando para ti una nueva «chanson triste»! Las noches de desvelo rogándole a la luna, mecenas de los amantes, que me regalase alas de plata para poder seguirte.
Algunas veces te agitabas coqueta a mi alrededor, o frente a mí, hiriéndome mientras te miraba con embeleso esperando que la brisa me trajera el eco de tus juegos. Exquisita en tu forma de moverte. Incluso a contraluz, recortada tu silueta proyectando sombras, descubría que deseaba perderme por siempre en ellas si así lograba que te quedaras conmigo día y noche, sin importar la penumbra.
Vestías colores que inundaban mi universo de primavera, pincel del aire, retal de arco iris. Te quería azul, mar de sueños, bóveda celeste; y verde, esperanza eterna, intensa o suave, húmeda o cálida; te quería blanca, dulce serenidad, jirón de nube; y marrón y roja, pasión que se inflamaba al verte; y también negra, color de la noche donde el temor a no volver a encontrarte y el desánimo de la impaciencia, me hacían cerrarme en mí esperando con ansia un nuevo amanecer que te volviera a traer.
Puedo imaginar tu sorpresa al descubrir la naturaleza de mis emociones. Incluso entenderé que te parezcan desmedidas, tanta vehemencia en apenas diez días transcurridos desde esa primera vez pero, compréndelo, ¡dispongo de tan poco tiempo!
El color me huye y mi aspecto se marchita. Mi ciclo vital es muy breve, pero intenso y apasionado. Te contemplo meciéndote en el viento, delicada… mariposa tú y yo… una rosa.

Idoia Mielgo Merino_firma

ENCUENTROS ESTIMULANTES

Escribo estas líneas impulsada por mis ganas de compartir experiencias. Mi intención es ahondar y conocer más sobre la autora que voy a introducir en esta crónica, pero siento la impaciencia de explicar mi elección, de anticipar qué me ha movido a elegirla, qué me ha aportado, por qué me ha resultado estimulante y notable.

Abordar la literatura es navegar por mares de letras, de conocimiento, de experiencias, de actitudes, de vidas, de inquietudes, de sacrificios… inmensos. Aprender y aprehender es la máxima que debe motivarnos a quienes amamos las letras y su poder para mantener un rumbo que nos lleve a buenos puertos.

Conocía someramente a María Zambrano. Asimilaba su nombre con autoras del género novelístico, pero sin concretar realmente el género de su obra, su trayectoria, su historia, su vida… que es lo que nos acerca a cualquier autor.

He descubierto en María Zambrano la persona que materializa en grafías aquello que siento en todo lo relacionado con la poesía. Añadir además que siempre he sentido interés por la filosofía, con la que tonteé un poco durante mi época estudiantil y que he seguido, de refilón, en distintas épocas de mi vida. Adentrarme en el conjunto de reflexiones que nos descubren distintos puntos de vista, el origen de las corrientes del pensamiento, preguntas que surgen en el origen, que marcan caminos, para poder trasladarte a través de preceptos atemporales que fundamentan aquellos por los que nos regimos en la actualidad y encontramos, tal y como María Zambrano dice, «en la filosofía, al hombre en su historia universal, en su querer ser».

Tiene una extensa obra repartida entre el compromiso cívico y el pensamiento poético. Su «razón poética» no indica solo la contaminación entre filosofía y poesía, pretende aunar dos fenómenos: la revelación de lo originario y la creación poética donde «la belleza tiene que ver con la fidelidad a lo originario» (Introducción al pensamiento estético de María Zambrano, Logos, n.36, (2003), p.217.), porque todo arte es lenguaje, palabra poética. «A través de la misma se detiene el tiempo, la raíz del misterio de la trascendencia».

En su obra, María Zambrano entrelaza el camino de la filosofía y el de la poesía, muestra la relevancia y dimensión de cada una y su lugar, así como la coexistencia de ambas. Y como ejemplo, este pequeño botón:

«Pero hay, por el pronto, una diferencia; así como el filósofo si alcanzara la unidad del ser, sería una unidad absoluta, sin mezcla de multiplicidad alguna, la unidad lograda del poeta en el poema es siempre incompleta; y el poeta lo sabe y ahí está su humildad: en conformarse con su frágil unidad lograda. De ahí ese temblor que queda tras de todo buen poema y esa perspectiva ilimitada, estela que deja toda poesía tras de sí y que nos lleva tras ella; ese espacio abierto que rodea a toda poesía. Pero aun esta unidad lograda, aunque completa, parece siempre gratuita en oposición a la unidad filosófica tan ahincadamente perseguida».

En un principio había pretendido que esta crónica fuera una pincelada breve sobre mi lectura de esta autora. Imposible. Creo que ha abierto en mí una necesidad de expresar, compartir y analizar lo que a través de su trabajo ha dejado. Prometo dedicarle un espacio en mi rinconcito poético, así como una mención especial sobre su vida y obra en el de Lecturas. Yo, de momento, voy a seguir paladeando Filosofía y poesía de María Zambrano.

CREO EN TÍ

Cuando el camino se hace duro y te acostumbras a soportar las inclemencias o el dolor en algunos tramos, se echa mucho de menos escuchar a alguien que diga: «creo en ti».

Cuando a través de las muchas vivencias que se van amontonando en cada vida, alguna se rompe arrastrando en el desastre parte de uno mismo, se anhela a alguien que susurre: «creo en ti».

Hemos dejado de creer no solo en las grandes cuestiones, como es la religión de cada uno, la solidaridad, la justicia, sino también en aquellos que nos rodean. Incluso hemos dejado de creer en nosotros mismos y por eso la conformidad se extiende por todas partes. Una conformidad mansa, silenciosa y —en ocasiones— amarga.

«Creo en ti», tres palabras que podrían reconstruir el mundo: el que nos sostiene y nos acoge y al que devoramos, y el pequeño universo de cada uno.

Creo en ti… es algo que hay que practicar y quiero hacerlo con mis hijos, para que sepan que, a pesar de la dureza de lo que afrontarán, yo siempre creeré en ellos y en su capacidad para superarse. A pesar de los errores, caídas y desastres con los que convivan…

CREO EN TI.

FELIZ CUMPLEAÑOS, GLORIA

Hoy recordamos el día en que nació Gloria Fuertes, 28 de julio de 1917, en Madrid. Es para mí una escritora con una voz propia y una vida compleja consagrada a las letras y a transmitir esa pasión a través de sus escritos y sus intervenciones en entrevistas y charlas.

Fue una mujer, como muchas de su época, con una familia modesta que, según ella misma relata, contaban con escasez de medios, por lo que pronto decidió trabajar para poder contribuir en casa. Lejos de conformarse con la educación de aquellos tiempos, Taquigrafía y Mecanografía, así como en Higiene y Puericultura, ella decide matricularse en Gramática y Literatura. Si algo tenía claro es que no quería ser ni niñera, ni modista.

Con una afición precoz por las letras comienza a la temprana edad de cinco años, cuando ya escribía y dibujaba sus propios cuentos. Publica su primer poema con tan sólo catorce años en 1932, bajo el nombre de Niñez, juventud, vejez, persiguiendo desde joven la edición de sus escritos. A los quince ya recita sus versos en Radio España de Madrid y a los diecisiete da forma a su primer libro de poemas, Isla ignorada. En el prólogo Gloria decía:

       «Mi poesía está aquí, como nació –sin ningún ropaje de retórica–,
                        descalza, desnuda, rebelde, sin disfraz.
                         Mi poesía recuerda y se parece a mí».

Estas palabras seguirían siendo válidas para toda su trayectoria literaria. Gloria Fuertes obtuvo numeroso premios y reconocimientos a lo largo de su carrera, y su obra es profusa tanto en literatura infantil como para adultos, que pasa por cuentos, poesía, teatro, televisión y prensa literaria infantil.

El conjunto de la obra de Gloria Fuertes se caracteriza por la ironía con la que trata temas tan universales como el amor, la soledad, el dolor o la muerte. Despuntan las metáforas, los juegos lingüísticos y el carácter fresco y sencillo que dotan a sus poemas de una gran musicalidad y cadencia cercana al lenguaje oral. Su acento lírico es uno de los más personales, auténticos y distintivos entre los poetas contemporáneos.

En un día en que hubiera cumplido los años, este pequeño homenaje en mi rincón a una autora que tanto me ha aportado, que tanto nos ha aportado. ¡Feliz cumpleaños, Gloria!

AL BORDE
Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

HEMOS DE PROCURAR NO MENTIR
Hemos de procurar no mentir mucho. 
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.
De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: «Tengo cuarto de baño»
-mi casa era pobre con el retrete fuera-.
«Mi padre es ingeniero» y era sólo fumista,
pero yo le veía ingeniero ingenioso!
Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.
Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.