Categoría: Crónica

El presente

Hace un tiempo descubrí que mis pasos me habían conducido a un lugar sin retorno, oscuro y sin perspectiva. Mi mundo sufrió un seísmo de intensidad compleja y consecuencias incalculables.

Mi vida, siempre atada a otras vidas, siempre reflejo de otras vidas, siempre sombra de otras vidas, de pronto se erguía herida, diferente y distinta. Irreconocible incluso para mí.

La lluvia de mis días se había convertido en alimento de mi alma, sin embargo, había raíces nuevas que escarbaban caminos inexplorados. Mi mente se quebró abriéndose ante ella dimensiones no reconocidas, incomprensibles e ignotas.

El hoy, el presente. Siempre nos hablan de vivir el presente y sin embargo, no hay forma sencilla de aprender a vivirlo, de descifrar en qué consiste despertar cada día y SER ajeno al mañana y sin la sobrecarga del ayer.

Me empeño cada día en vivir el hoy, mi presente, y descubro que requiere de mí toda mi esencia, mis sentidos: la vista, el tacto, el olfato, el gusto, el oído… reconducen mi actitud para absorber lo que cada uno me brinda en cada segundo que forma la cadena de minutos que tejen las horas que conforman una jornada.

Hay momentos en que descubro que vivir el hoy, el presente, me deja sin fuerzas para pensar en mañana o para desempolvar mi ayer.

NUESTROS RECUERDOS

Los recuerdos son esos instantes que vuelan a esconderse cuando el alma percibe que quedarán enredados por siempre entre los hilos que van completando el tejido de nuestra memoria. Sobrevuelan siempre cuando la atmósfera lo permite. Si la circunstancia es adecuada se precipitan, empujándose unos a otros, sin dar tiempo a nuestra carne, a nuestro corazón, a nuestras entrañas a asimilarlos, a ordenarlos y limitarlos para poder mantener bajo control sus consecuencias.
Los recuerdos pueden ser bálsamo o veneno. Cuando se lleva la piel marcada, son sal que se arroja sobre cada herida. Sal que se va diluyendo lentamente fundiéndose con el torrente que cada pulso arrastra en una agonía interminable.
Te vas y toda yo sufro una fractura. Arrancas una parte de mí, tú. Y quedo lesionada, desgarrada en infinitas cisuras que te invocan, con un dolor sordo, en cada bocanada de aire que mis pulmones buscan para sobrevivir.
Y cada rastro que has dejado en mí trae un recuerdo. Imágenes que me hostigan sin compasión, que descomponen mis latidos liberando una ansiedad atronadora.
Cuando comparto tus recuerdos, que se mezclan con los míos, juguetean unos y otros arrojándose a un bailoteo travieso que lo mismo me arrancan desgajados suspiros, que sacuden mi sonrisa. Tu voz los gobierna. Los trae y los lleva. Y dóciles siguen la cadencia de tus palabras siguiendo tu juego: me provocas, me calmas, me despiertas, me enamoras…
Estoy llena de recuerdos. Llena de momentos. Llena de suspiros. Llena de caricias. Llena de susurros. Llena de risas. Llena de lágrimas. Llena de sueños. Llena de deseos. Llena de sombras. Llena de luces. Estoy llena de vida.

MIEDOS

¿Sabéis? Tengo miedos. Sí, en plural. Muchos miedos. Miedos oscuros, opacos, que no se dejan ver. Miedos acumulados por la edad, por lo vivido y por lo no vivido. Tengo miedos atroces a no poder comunicarme con vosotros, a no veros. Incluso a no tocaros siento miedo. Son miedos permanentes en este tiempo. Me matan los silencios y su maldita distancia.

Vivimos una etapa de incertidumbre total. Vuestras inquietudes me inquietan, vuestros problemas están en mi mente, a veces, vuestra presencia se esconde y las palabras me faltan.

Vuestro es el futuro. Mía es la edad; esa edad que me hunde poco a poco en ese no retorno, pero que permite pensaros en mis sueños. ¡Cómo disfrutaría compartiendo ese futuro y vuestras inquietudes!

¿Sabéis? Sigo con mis miedos.

GALA Y EL AMOR

Siempre he sentido debilidad por Gala, por sus poemas, su obra y su sensibilidad. Además de diestro espadachín de la palabra, es un sabio en temas como el AMOR y la AMISTAD, palabras a las que da sentido mezclándolas, aderezando su significado con el discurso de su literatura, de su creación constante.

Gala escribe que «LA AMISTAD ES un amor imperfecto porque le falta lo erótico. El eros es un amor imperfecto porque le falta lo amistoso con su firme y sosegada lealtad».

También escribe que «EL AMOR ES una amistad con momentos eróticos. Sobre esa mesa de la amistad podrán ponerse multitud de objetos, bellos o menos bellos; pero sin la mesa todo se vuelve añicos».

Sabias definiciones que definen muchos sentimientos; aquellos llenos de sensibilidad y cercanía. Y hay momentos en que el erotismo del lenguaje suple al físico en muchos casos.

Hay algo de lo que escribe que me llama la atención; hablamos y decimos sobre EL AMOR, pero pocos valoran LA AMISTAD que debe unirse con ese primero y feroz de los sentimientos, el más atroz. Nunca funcionará un AMOR sin la mesa de la AMISTAD.

Dejemos de hablar, de decir, porque él lo define mucho mejor:
                 «
AMOR, AMOR: GESTOS. El amor no se dice: se hace».

NO A CUALQUIER GUERRA

Descubrir con qué facilidad se infringe dolor me causa cada vez mayor horror, y ya no sólo es la ligereza con que se causa, sino también la impunidad del acto.

No consigo entender la satisfacción que puede producir torturar, cualquiera que sea la forma, a un ser más débil. Ni la propia naturaleza concibe tal acto.

Contemplar escenarios de dolor, de sufrimiento ajeno, se me hace cada vez más intolerable. Como si en cada uno que observo o que descubro o que me cuentan, tiraran de mí y me arrancaran trozos de la piel que me cubre, y fuera tanta la que me faltara ya que el mero roce de estos aires de amargura alcanzara la carne herida, desangrando una angustia y desconsuelo inagotable.

El único antídoto para el dolor es el amor. El amor infinito, el amor en bruto, sin artificios, el que nace en las entrañas. Ese amor que se traspasa de uno a otro, que se comparte. Ese amor que arropa y que funde. Ese amor que fortifica y sana.

En la incertidumbre del hombre, el amor es la respuesta.