Daily Archives: 18 de enero de 2021

¿HABLAR O CALLAR?

Había tomado asiento en el sillón de piel gastada. La mirada perdida en la superficie raída y los dedos buscando su roce desigual. Las paredes habrían lucido un rostro más distinguido tiempo atrás, pero ahora se veían marchitas y descoloridas, extendiendo por la estancia un ambiente poco acogedor y que sin embargo la encantaba.

—Hoy has llegado pronto.

Su voz profunda y rica en matices siempre le recordaba a los locutores de radio. Le resultaba hipnótica y sedante, más que las pastillas que debía de tomar cada día.

Moviendo la cabeza repetidas veces, asintiendo, alzó los ojos para encontrarse con los gruesos cristales de las gafas de aquel hombre.

Ladeó el rostro para intentar descubrir en la montura de oscura pasta aquella pequeña falta que tanto la obsesionaba. Había veces que se pasaba toda la consulta luchando por no levantarse, salvar el espacio entre ambos y posar el dedo por la parte deteriorada.

Hablar, siempre hablar. ¡Por qué demonios se empeñaría todo el mundo en que hablar era la forma de solucionar las cosas! Ella amaba el silencio, su silencio. Aquel silencio en el que se sentía libre y ligera. Hablar estaba demasiado sobrevalorado.

VENDRÁ EL CREPÚSCULO A ARRUINARNOS LA TARDE

Son las seis, la luz no ha llegado aún, pero se presiente su proximidad. Huele a limpio, un nuevo día por estrenar, no se sabe ni qué color le acompañará. Es lo mágico de los amaneceres: les precede un número ilimitado de promesas. Unas se cumplen, otras no.

Algunos madrugadores ya le saludan, impacientes por estrenar otra jornada más le reciben llenos de energía. Otros permanecen agazapados, a salvo en su inconsciencia. Como si retrasaran el inevitable inicio. Antes o después, lo mismo da, el día pasa para todos por igual.

Como hormigas de patrulla, la gente va llenando las calles poco a poco. Pronto se convierten en arterias por las que discurre una marea cambiante. Se incorporan máquinas que echan humo y emiten estridentes ruidos.

La ciudad, los pueblos, el campo, la costa, todo inicia la cuenta atrás de otro eslabón que formará parte, inevitablemente, del calendario. E imbuidos de la extravagante felicidad que provoca estrenar algo, cualquier cosa, incluso un simple nuevo día, acumulamos expectativas como cupones a canjear cuando el itinerario se va torciendo.

Y en estas sensaciones que despiertan en el amanecer, ni siquiera somos capaces de sospechar que, irremediablemente, vendrá el crepúsculo a arruinarnos la tarde.