Te busco inevitablemente… y sólo encuentro una sombra intangible, indescifrable, de aquello que eres, que la memoria guarda con celo, hermética.
Nada que ver con tu realidad, con mi necesidad de ti y de sentirme en el mismo espacio, en el mismo universo que ahora no habitas, del que te ausentas.
Y es tu discurso canto que me confunde, palabras que se clavan como aguijones en esta incapacidad por alcanzarte, en este naufragio continuo intentando detener tu vuelo.
Te busco inevitablemente… persiguiendo tu reflejo —ahora hostil— a corazón descubierto, blandiendo el alma en son de paz, intentando sostener ese cabo que tú me tendiste desde el mismo instante en que tomaste mi tierra.
Si te pierdo, quién me hablará de mariposas de colores en mi mundo en blanco y negro, de sueños por atrapar en una tela de araña con extraño plumaje, quién coserá mis pasos cuando la impotencia los afloje y espantará las sombras al calor de una sonrisa, quién me inundará de flores de papel para llenarlas de esbozos, de secretos, de ilusiones, y plantar así un jardín en el estéril rincón del desaliento.
Dime, si te pierdo, quien juntará el corazón mutilado con pegamento invisible que vuelva transparente el dolor.
No puedo perderte, no quiero perderte, es un deseo que me consume, aunque los deseos no siempre podemos abrazarlos.
Se derrama la luna desbordada sobre el curso de la vida, sus ríos de plata se extienden en la noche cerrada, su corriente desata espejismos, visiones arcanas, y el mundo cae en letargo contenido hasta el alba.