Categoría: Poesía

LA MUJER DE HUMO

Hombre que me besas,
hay humo en tus labios.
Hombre que me ciñes,
viento hay en tus brazos.

Cerraste el camino,
yo seguí de largo;
alzaste una torre,
yo seguí cantando…

Cavaste la tierra,
yo pasé despacio…
Levantaste un muro
¡Yo me fui volando!…

Tu tienes la flecha:
yo tengo el espacio;
tu mano es de acero
y mi pie es de raso…

Mano que sujeta,
pie que escapa blando…
¡Flecha que se tira!…
(El espacio es ancho…)

Soy lo que no queda
ni vuelve. Soy algo
que disuelto en todo
no está en ningún lado…

Me pierdo en lo oscuro,
me pierdo en lo claro,
en cada minuto
que pasa… En tus manos.

Humo que se crece,
humo fino y largo,
crecido y ya roto
sobre un cielo pálido…

Hombre que me besas,
tu beso es en vano…
Hombre que me ciñes:
¡Nada hay en tus brazos!…

BURDO SONETO DEL ILUSO

Años y años de invisibles cadenas
y de saber que entonces existían.
De reojo mira el que desconfía
sintiendo siempre unas profundas penas.

Viendo vidas y destruyendo escenas.
Mordiendo arena que no parecía
el lodo del polvo que antes hacía
las delicias de lo que hoy son problemas.

Subiendo un monte donde ya no hay musas
no sabiendo cómo parar el tiempo
donde todas las cimas son obtusas.

Iluso aquel que busca las excusas;
iluso aquel que dice “me arrepiento”
muerto en vida pensando quién abusa.

Sergio Marín Ochoa

ANTES DE QUE ROMPA A LLORAR LA NOCHE

Antes de que rompa a llorar la noche
y para, con su cuerpo negro, el alba,
habré jurado nunca más morir
aunque quisiera despegarse de mí el alma.

Antes de que nadie me retoque,
y al cielo abra las entrañas
mis labios, orarán, ya sin pudor…
Porque así sea,
así lo pido a Dios.

Pero, ¿y si el alma me dejara?
Si así fuera,
¡que me entierren las palabras!,
que me sobra del sepelio, el orador,
el ataúd mortuorio
y hasta su angosta morada.

Que seguro tendré la prisa de saber
si existe el sol más allá,
en la porción que me toque de la nada.

—Y volverá el hombre—
Juan Camacho

QUE EL AMOR NO ADMITE CUERDAS REFLEXIONES

Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.

No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.
Y el perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
en tan fino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

 

MAS ALLÁ DEL AMOR

Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.