Estoy gris y plomiza.
Es mi alma lluvia incontenible,
una herida que se derrama,
un latido desacompasado,
un temblor, un grito.
Estoy herida y culpable,
es mi interior invierno,
inhóspita y arrasada;
soy catástrofe y desaliento
y sin embargo
estás tú, todo calor,
todo confianza y calma,
todo bondad y paciencia.
Nunca conseguí ajustarme
a tu paso consonante,
pero, aun así, me aceptaste,
y con todo hoy
somos más diferentes que nunca,
porque soy tormenta frente a tu calma,
porque soy dolor frente a tu amor,
porque te vas y yo…
te veo partir.
