LLUVIA

Llueve. A veces las tormentas pueden asustar, con sus truenos, sus relámpagos… También se puede poner distancia. Tomar asiento junto a la ventana, acurrucarse, rodear con los brazos las rodillas y ver como cae la lluvia, seguir el resplandor de los rayos y contar el tiempo hasta escuchar del ronco estruendo de los truenos.

Quizá sea una tormenta esperada o deseada. La tierra, sedienta tras días de calor excesivo y tras el inesperado baño, exhala un aroma intenso y penetrante que embriaga… Las flores, celosas, despiden a su vez dulzonas fragancias que danzan a través del olfato.

El cielo está cerrado, pero tampoco parece especialmente triste. Se ha cubierto con un filtro oscuro, apagado, acompañando en correcto duelo las lágrimas de esta atmósfera borrascosa. En ocasiones, un repentino chaparrón libera un espíritu marchito, así como alivia el ardiente calor de la tierra y de la naturaleza, y lo apacigua.

Y junto a esa ventana, se puede abandonar la mente en ese paisaje distinto, discordante, que puede resultar una tormenta. Dejar que alcance otros lugares, otras sensaciones, otros paraísos u otros infiernos, depende de cada quien.

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