Te busco inconteniblemente. Y sólo encuentro una sombra inasible, inabordable en la danza del tiempo, en la melodía del ayer, como hojas que se agitan en el viento del recuerdo donde tus pasos dejaron estelas en el terciopelo de los sentidos.
Nada que ver con tu mundo intangible, con mi necesidad de ti, de sentirme en el mismo espacio, en el mismo universo que ya no habitas, del que te ausentas.
Y es tu discurso desorden —que trastorna— de palabras que se clavan como aguijones en esta incapacidad para alcanzarte, en este naufragio continuo persiguiendo tu orilla.
Te busco inconteniblemente. Rastreando tu reflejo hostil a corazón descubierto, blandiendo el alma en son de paz, intentando sostener ese cabo que tú me tendiste desde el mismo instante en que bajaste a la tierra.