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MI CAUCE

Desviaron mi cauce
arrojándome a los brazos,
fríos e inclementes,
de una nodriza gris e impaciente.
Y crecí en un lugar artificial
en el que todo se cuantificaba.

Progresé adecuadamente
hasta descubrir la puerta que me devolvía
pedazos de mi memoria atávica
retornándome a los cálidos brazos
que me empapaban con su esencia,
aún vital y franca
a pesar de las atrocidades sobrevividas.

Soy tierra húmeda y verde bosque,
soy río veloz y escarpada montaña,
soy mar y marea,
brisa y tormenta,
soy hija natural de una indómita tierra,
corre por mis venas el norte,
peina mis sueños el Cantábrico
y acaricia mi llanto el xirimiri.

Idoia Mielgo Merino_firma

PLAYA

Se agolpan las lágrimas
en mi orilla,
su sal araña mis ventanas
y extenúa mi mirada
en un ocaso inevitable.

A la deriva,
saqueada,
vaciada,
invoco la fuerza de esta marea
que me azota
para que me evacúe
allá donde el dolor no alcanza,
—en aquella nada conocida,
Íntima—,
de nuevo en la grieta
donde mis heridas
conocían cada esquina,
cada filo,
cada oquedad.

 

Idoia Mielgo Merino_firma

 

BLANCA

El vuelo de cada uno depende de la fuerza de sus alas. Cada quien debería ejercitar las suyas en lugar de intentar derribar el vuelo ajeno. Cada uno tenemos una brújula interior que guía nuestro viaje, escuchémonos.

Blanca
hendiendo el gris infinito
arrastras en tus alas
el peso de esta lluvia
de lágrimas saladas.

Solitaria
atraviesas tempestades
alzadas como barricadas
por retener tu herido vuelo,
por arrastrarte a su infecunda orilla.

Gigante
tu sombra a contraluz
que oculta el alma que se bate
entre los cabos que abandona al aire
un mundo que se derrumba.

Idoia Mielgo Merino_firma

¡OH MAR, NO ESPERES MÁS!

Tengo caído el sueño,
y la voz suspendida de mariposas muertas.
El corazón me sube amontonado y solo
a derrotar auroras en mis párpados.
Perdida va mi risa
por la ciudad del viento más triste y devastada.
Mi sed camina en ríos agotados y turbios,
rota y despedazándose.
Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles
tentaciones de incendio.
Hoy, cenizas me tumban para el nido distante.
¡Oh mar, no esperes más!
Casi voy por la vida como gruta de escombros.
Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre.
Inútilmente estiro mi camino sin luces.
Como muertos sin sitio se sublevan mis voces.
¡Oh mar, no esperes más!
Déjame amar tus brazos con la misma agonía
con que un día nací. Dame tu pecho azul,
y seremos por siempre el corazón del llanto?

—Julia de Burgos—

SIRENA

Como mi mar
te eriges parte de mi paisaje,
sereno y oscuro,
a quien amar desde el respeto,
a quien temer por su intensidad.

Se distrae la mirada cada día
buscándote, apremiándote
con la urgencia de mi incertidumbre
ante la fuerza de tu naturaleza.

Me agitan tus mareas que la luna guía,
que tu corazón embravecen,
las sombras que acompañan tus pasos,
los dolores que clama tu alma.

Y me siento minúscula atrapada en tu trama,
deseando ser sirena enamorada de su mar
que la guarda y corteja.

Tras la niebla

Idoia Mielgo Merino_firma