Se agolpan las lágrimas en mi orilla, su sal araña mis ventanas y extenúa mi mirada en un ocaso inevitable.
A la deriva, saqueada, vaciada, invoco la fuerza de esta marea que me azota para que me evacúe allá donde el dolor no alcanza, —en aquella nada conocida, Íntima—, de nuevo en la grieta donde mis heridas conocían cada esquina, cada filo, cada oquedad.