Daily Archives: 31 de julio de 2021

LA MISMA CAMA

Abro los ojos. Estiro los brazos sobre la almohada. Me deslizo por la cama. Mi habitación es de cristal. El color azul del cielo pinta sus paredes y el sol es la sonrisa que necesito para ponerme en pie. Me siento como los pétalos que se abren cada amanecer. Dejo que el agua caiga sobre mí como el rocío lo hace sobre la tierra para despertarla. Mire donde mire no hay fronteras. El mundo está lleno de horizontes: por descubrir, por disfrutar, por compartir. Todo es color. Incluso escucho el sonido que trae el día, como una guitarra que libera las notas de mi canción favorita. Respiro y siento mis pulmones llenarse y el oxígeno henchir mi cuerpo. Un nuevo día. Verano. Ahora mismo podría incluso convertirme en cometa… y volar.

Me pesan los párpados. Mi cuerpo se encoge buscando refugio. He de arrastrarme para abandonar la cama. Llenan las paredes de mi habitación retazos de realidad, recibos que la vida aún debe cobrar. Un escenario que hace tiempo debí abandonar. No sé si hace sol, ni tampoco me importa. El uniforme de la rutina resulta igual de pesado si llueve, como si no. Dejo correr el agua para que arrastre la amargura que me empaña. Mire donde mire todo son puertas. Puertas que se cierran. Todo es baldío. Nada a lo que asirse, árido. El dolor del mundo resulta ensordecedor. Me cuesta respirar y siento plomo recorriendo mi cuerpo. Un nuevo día. Una nueva batalla. Ahora mismo podría seguir durmiendo… hasta la eternidad.

Los mismos ojos. La misma cama.

Idoia Mielgo Merino_firma

LA JAULA

En una jaula de hormigón,
sintiendo el batir de unas alas
agitando el vacío, tentándola,
apenas un reflejo como salida,
y contagiada por el movimiento
que la vuelve ligera, capaz,
¡salta!

Y el aire le abraza,
al fin es libre, no pesa.

Mas algo frena su vuelo,
unos dedos que se aferran
y que apresan un extremo,
cadenas de carne,
raíces parásitas.

El espacio retumba con su grito.

Sólo fue un segundo
en su rostro el aliento
de un futuro venturoso.

Es entonces la caída
más pesada,
encerrada de nuevo
en su jaula de hormigón
donde la esperanza se extingue,
como una llama sin oxígeno
se va extinguiendo hasta desaparecer.

Idoia Mielgo Merino_firma


Img. by Teresa-mtz

CONCHA MÉNDEZ CUESTA

Concepción Méndez Cuesta nació en Madrid el 27 de julio de 1898, y murió en el exilio en Ciudad de México el 7 de diciembre de 1986 a los 88 años. Fue una escritora, poeta, autora de teatro y guionista española, contemporánea de la generación del 27, especialmente conocida por su obra poética.

Pertenecía al grupo de las «Sinsombrero», nombre por el que son conocidas un grupo de mujeres artistas españolas nacidas entre 1898 y 1914. El nombre responde al gesto de quitarse el sombrero en público que protagonizaron Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca en la Puerta del Sol. «Nos apedrearon llamándonos de todo», relata la misma Mallo en unas grabaciones hechas por TVE tras volver del exilio. Madrid fue la ciudad donde la gran mayoría de ellas residieron, estudiaron y desarrollaron su actividad artística. Abiertas a nuevos conceptos de modernidad y a las corrientes de vanguardia que provenían de Europa, recuperaron también la tradición popular. Profundamente comprometidas con su tiempo y su realidad social, su actitud fue rompedora y abierta, transformando el panorama cultural y artístico de una España convulsa. Sus aportaciones están todavía poco estudiadas y, en su gran mayoría, han quedado al margen de las antologías y los manuales de arte y literatura hasta nuestros días, aunque desarrollaron una actividad constante y destacada en campos tan variados como la escritura, la pintura, la escultura, la ilustración o la filosofía.

Concepción Méndez Cuesta fue, además de muy activa en el mundo literario, impresora, campeona de natación, amante del charlestón y el jazz, y una de las figuras más atractivas del panorama vanguardista español de los años veinte.

NI ME ENTIENDO NI ME ENTIENDEN
Ni me entiendo ni me entienden;
ni me sirve alma ni sangre;
lo que veo con mis ojos
no lo quiero para nadie.

Todo es extraño a mí misma,
hasta la luz, hasta el aire,
porque ni acierto a mirarla;
ni sé cómo respirarle.

Y si miro hacia la sombra
donde la luz se deshace,
temo también deshacerme
y entre la sombra quedarme
confundida para siempre
en ese misterio grande.

RECUERDO DE SOMBRAS
Sobre la blanca almohada,
más allá del deseo,
sobre la blanca noche,
sobre el blanco silencio,
sobre nosotros mismos,
las almas en su encuentro.

Sobre mi frente erguido
el exacto momento,
dices que en una sombra
vives en mi recuerdo.

Síntesis de las horas.
Tú y yo en movimiento
luchando viva a vida,
gozando cuerpo a cuerpo.

Dices que en estas sombras
vives en mi recuerdo,
Y son las mismas sombras
que están en mí viviendo.

Concha Méndez