Hago poco o no hago nada. La gente se está matando mientras yo escribo sentada. Bien nutrida, mal amada.
Hago poco o no hago nada, coso y curo mis balazos bien herida, mal amada.
Me duele lo de los otros pero no puedo hacer nada porque el dolor de mi cuerpo me tiene paralizada. (Puede llamar a la puerta… ¡Si tuviera una llamada, si me dijese “te quiero”…!)
Compañero, camarada, yo también sufro injusticia por amor encarcelada. No me merezco ser líder, lucho cómoda, sentada.
Hago poco o no hago nada. Cambio vendas, me preocupo de mi herida, hay mucho plomo en mis alas, no puedo volar al monte, —¡por si llama!—
Dejadme sola en la sala. Dejadme cumplir condena, —bastante tengo desgracia, la gente se está matando mientras escribo sentada—, bien herida, mal amada.
Ya no habrá ningún sosiego en mi existencia. Las cadenas de la incertidumbre me han secuestrado infectando mi herida. El estruendo y la tormenta han invadido mis noches. Turbulentos sueños poblados de pesadillas se han adueñado de todos los vacíos que yo conseguía llenar con fingidas alegrías. Hoy han quedado desiertos, negros, huecos y resecos cercando y atormentando lo que me resta de vida.
Yo no soy triste, es que estoy en un sitio donde nadie viene con tortilla.
Yo no soy triste es que todo el que viene aqui parece como si le faltara algo.
Yo no soy triste y si no que se lo digan a los pájaros, a ver ¿qué tienen los otros árboles que no tenga yo? Yo no soy triste, lo que pasa es que todos me miráis con tristeza.
Me empapa la fragancia de tu naturaleza, tierra salvaje de tormentas y de fuego.
Como ofrenda alcanzo el bastión que me retiene en tus playas donde mi viaje concluye como ola mansa, anclándome al eco que en tu pecho retumba, enronquecido, como el trueno.
Y en esa brisa serena de tu aliento, descubre el alma cómo detener el tiempo.