All The Wild Horses – Ray Lamontagne (Instrumental)
A qué seguir. A qué la indócil voluntad suicida de los días —despertador, café, traje, móvil, coche, oficina, ordenador…—
A qué seguir, vivir, morir, leer el periódico.
A qué seguir si no fuera porque una luz, no de sol, no artificial, una luz más tierna, una luz crecida de enraizadas tinieblas, impulsa mis actos y prende estos versos rutinarios de mi vida.
A pesar de que se duermen mis sentidos por rutina. A pesar de esta apatía que bosteza enmohecida. A pesar de muchas broncas que quedaron escondidas. A pesar de mis fracasos, mis pecados, mis caídas. A pesar ya de ilusiones que están por siempre dormidas, y de fantasmas internos prendidos en mis pupilas. A pesar de que me invento muchas veces la sonrisa. A pesar de que me trague mis verdades, mis mentiras. A pesar de mis defectos, de mi cólera, de mi ira, y de mis eternos miedos que desde mi alma silban, y que viva disfrazando mis pequeñas cobardías. A pesar de mi pasado que me espía a escondidas. A pesar de mis angustias que rasguñan mis costillas. A pesar de mi energía que se agota, se termina, y del paso de los años, de mis luchas, mis heridas. A pesar de todo eso… Sigo apostando a la vida.
Busco una evidencia, te busco, porque sé que estás, perdida, lo sé, pero te siento revoloteando en mi ánimo.
Los recuerdos nos atan como lazos inmutables, a veces tóxico que envenena, otras, caricias que confortan.
Con los rigores de un invierno feroz caen sobre mis huesos nuestros ecos, atronando como una furiosa tormenta, liberados en la debilidad de una nostalgia que el tiempo a duras penas contiene.
En mi silencio repican tus bromas, transito las huellas de nuestras cicatrices, y me envuelvo en la calidez de un tiempo que ya no volverá.
Tus canciones me arrastran por torrentes en los que apenas puedo bracear.