He sentido el peso de tu aliento en el límite izquierdo de mi lóbulo.
Me ha embriagado tu perfume, prendido en mis mejillas, y tu voz enredada en no sé qué neurona sensible al terciopelo de tu boca.
Mi cuerpo se ha encendido al sentir el roce imperceptible de tu mano.
Hoy me he despertado mientras tú aún dormitabas en mi sueño, aferrado, como buen infractor, a la pagina 23 del libro de poemas que anoche, antes de dormirte, descansaba sobre tu pecho.
¿En qué ruido te escondes? ¿en qué silencio gritas? ¿quién desprendió tus venas y cercenó tu alma? ¿en qué oscuro lamento te debates herido y mueres de ti mismo y bebes de tus lágrimas?
Al borde de la angustia mi amor te está buscando acodado en el muro que tu orgullo levanta. Más allá del misterio que desvelan tus ojos es en vano esta espera y muero de distancia.