Es mi alma lluvia incontenible, una herida que se derrama, un latido desacompasado, un temblor, un grito.
Estoy herida y culpable, es mi interior invierno, inhóspita y arrasada; soy catástrofe y desaliento y sin embargo estás tú, todo calor, todo confianza y calma, todo bondad y paciencia.
Nunca conseguí ajustarme a tu paso consonante, pero, aun así, me aceptaste, y con todo hoy somos más diferentes que nunca, porque soy tormenta frente a tu calma, porque soy dolor frente a tu amor, porque te vas y yo… te veo partir.
¡Ay, esos viejos zapatos! Se amoldaban a mis pies guardándome del camino, apurándome ruidosos si me notaban vencido.
Y un buen día, una tarde, a la orilla me acerqué, el agua no estaba fría y al final, me descalcé.
Los dejé desordenados como el resto de mi vida, los miré —estáis cansados—, les regale mi sonrisa y sin volver la mirada sentí una profunda paz, el agua calaba mi alma y allí me quise quedar entre su arena y sus algas.
Fueron los últimos pasos que conseguí dar descalzo, porque abandoné en la orilla aquellos viejos zapatos.
A veces no quiero saber de ti porque me asfixia la duda. El desolvido golpea mi coraje quebrantable, enflaquecido, liberando fantasmas remotos, desconfianzas presentes, quimeras futuras…
El mar no es más que un pozo de agua oscura, los astros sólo son barro que brilla, el amor, sueño, glándulas, locura, la noche no es azul, es amarilla.
Los astros sólo son barro que brilla, el mar no es más que un pozo de agua amarga, la noche no es azul, es amarilla, la noche no es profunda, es fría y larga.
El mar no es más que un pozo de agua amarga, a pesar de los versos de los hombres, el mar no es más que un pozo de agua oscura.
La noche no es profunda, es fría y larga; a pesar de los versos de los hombres, el amor, sueño, glándulas, locura.
No fue un dramático golpe el que quebró el cristal que encerraba, con celo, la exquisita esencia del amor.
Fue la unión encadenada de infinitas grietas recompuestas que la desidia infligía, dañando el límite mismo, filtrando el daño hasta alcanzar, preciso, el corazón.