Categoría: Poesía

EN UN ROCE

En un roce descuidado
prendes el incendio
donde mi piel arde,
y sofocada invoca
tu llama libertadora
al tiempo que, sedienta,
busca hallar equilibrio
en la lluvia de tus labios,
ávida del manantial de tu boca.

Tus manos abren surcos
de donde emerge el delirio
que exalta la razón,
sumiéndola en la inconsciencia
hasta un estado primario, salvaje,
que demanda de ti tu fiereza, tu insurrección.

Y en el motín de los cuerpos,
sin vencedores ni vencidos,
se anclan en el alma,
ternuras inmensurables.

Idoia Mielgo Merino_firma

Tras la niebla

PUDIERA SER

Pudiera ser
que cada momento compartido,
se acumula en la memoria de nuestras pieles,
de nuestros cuerpos
y que poco a poco,
éstos olvidan la prudencia
y se buscan,
y se encuentran,
y uno se siente más uno…

Pudiera ser, así mismo,
que a medida que los sentimientos
se nos entierran dentro,
este nuevo uno vive,
con creciente intensidad
cada segundo,
cada mirada,
cada caricia,
cada beso,
cada…,
y así, infinitamente.

Idoia Mielgo Merino_firma

Entre la niebla

TU PECHO

Me dices,
con candor infantil,
que mis palabras explosionan
en tu pecho.

Y yo quedo con la mirada fija en tus letras,
con el pulso súbitamente encabritado,
con mi sangre,
hasta ese momento pacífico manantial de vida,
convertida en torrente de fuego
que arrasa y abrasa todo a su paso.

Te imagino en la distancia,
con tus ojos de cierva
acariciando la pantalla,
ajena a la fiebre que, sin querer,
has provocado en mis sienes.

Tu pecho…
Para ti, simple referencia del lugar
en el que tus sentimientos anidan y cantan,
crecen y florecen.

Para mí…
Lujuria tanto tiempo controlada,
visión imaginada,
protagonista exigente de mis vigilias.

Para mí…
Locura desatada,
ansiedad no contenida,
deseo no negado.

Para mí…
Delirio de mis manos,
anhelo de mis pupilas,
objetivo fijo de mis pasiones.
Cumbre inalcanzable
de mis sueños,
abismo insalvable,
enloquecedor canto de sirena,
burla del destino,
agotadora obsesión
de mi egoísmo.

Para mí…
Escenario del festival de mi piel
y refugio de mis penas.

Tu pecho…
Centro de tu ser.
De tus fuegos,
de tus alegrías,
de tus horas,
de tus esperanzas.
Lecho en el que acuestas
mis recuerdos,
cuna en la que mimas
nuestros dolores…

Tu pecho…

 

—Entre Lobos y Sirenas—