COLORIN COLORADO

Cada mañana buscaba el reflejo de sus deseos. Se alzaba esperanzada como si sus pies poseyeran alas que la impulsaban hasta la ventana donde, anhelante, pegaba su nariz al frío cristal oteando más allá, segura de que una mañana cualquiera la imagen que encontraría sería diferente.

Cada mañana su sonrisa palidecía al recibir lo inmutable del escenario en sus pupilas, la instantánea de su realidad. Descalzaba sus pies dejando las alas bajo la cama, para que al día siguiente pudiera encontrarlas con facilidad.

Cada mañana acariciaba su rostro frente al espejo buscando aquello que poco a poco iba perdiendo. En ocasiones, lavaba su rostro con el rocío que su nostalgia la regalaba. Otras veces, coloreaba sus mejillas el resplandor que desprendía su mirada y el brillo contagioso de la sonrisa al sentir el cosquilleo de la esperanza asomando bulliciosa.

Vestida de tesón, se aseguraba de llevar consigo su perseverancia. Caminaba tras los segundos que formaban los minutos que agotaban las horas que la devolvían a su hogar. Sacudía en el felpudo la desilusión que llenaba las calles, preocupándose de no arrastrar, en sus zapatos, la sombra del fracaso que tantas veces parecía seguirla.

Confiada, se liberaba en aquella atmósfera que la recibía con un melodioso silencio formado por los sueños palpitantes, guardados entre todos aquellos objetos que formaban el mosaico de su esencia.

En cada crepúsculo, cepillaba su sonrisa antes de acostarse para que así velara su descanso preparándola para una nueva mañana.

Idoia Mielgo Merino_firma

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