Y CADA COSA ENCUENTRA SU LUGAR

Sin preguntas, sin apremios,
me devuelves la niña que fui,
atraídos por el embrujo del agua,
provocándola con el vuelo de una piedra
con la que bailotea en órbitas a la deriva,
asoma a tu mirada la sombra de tu mocedad,
ecos de travesuras que se descuelgan
aprovechando el tiempo de recreo.

La risa nos acompaña con su melodía
rescatando la tonalidad infantil,
ablandando la dureza con que los años
me han ido envolviendo.

Una piedra,
un río,
tu mano,
mi risa,
nuestro tiempo.

Y cada cosa encuentra su lugar.

Leave a Reply