Sombrías nubes se amontonan en un cielo herido. El sol derrama su sangre en agónico intento por encender conciencias, por adelantar la primavera para que la vida estalle y se derrame la sensatez sobre los hechos estériles, en un mundo que hiberna, sordo al clamor de los tiempos que olvidan el pasado y despeñan el futuro. La clave está en tejer minutos en el tiempo presente que conformen la resistencia contra esta desgana que infecta a la humanidad.
a pesar de continuar donde estamos hay veces que la distancia parece crecer.
En ocasiones un silencio se entierra más profundamente que las palabras repetidas, quizás oí tu silencio.
Te ofrezco espejismos que rompen contra los arrecifes que rodean estos días, convirtiéndose en espuma.
Y tú esperas… perseverante, imperturbable. Te imagino arena en espera de la caricia del mar. Te sigo buscando escondida entre mis inquietudes, exiguo consuelo, lo sé; ni siquiera las manos, esas que, al pasear, se prenden a las tuyas me responden.
Mi interior se agita, impaciente,
ante la ausencia de indicios que anuncien que ya todo está en calma.
Amaina la tempestad, despacio… Y yo,
necesito del refugio que me descubrieron tus brazos.
Ven, acércate, quítate el pelo de la oreja que te quiero decir algo. Será bonito y agradable de escuchar y te lo diré muy bajito, será casi imperceptible para el oído humano, pero te llegará. Pondré mis manos alrededor, para que el eco te lo repita cuantas veces quiera hacerlo y para que sean más nítidas mis palabras, más claras, mejores si cabe. Eso es, ya huelo a ti; me gusta tu pelo en mi cara, tu piel cerca de mí. ¿Preparada?, bien. Lo que voy a decirte es sencillo y breve. Es un disparo al corazón y sé que me resultará fácil hacerlo porque eres tú, porque confió en ti y porque me apetece que lo sepas. Mis labios en tu lóbulo. Te lo voy diciendo muy despacio …… Ya está. Sólo te pido que, como todo lo nuestro, quede entre nosotros.