Categoría: Crónica

CAMBIOS

Un día te levantas y descubres que el paisaje que se ve desde tu ventana, ése que quizá te has acostumbrado a ver, siempre ahí… ha cambiado. Y todo cambio te coge por sorpresa, aunque sea deseado. Experimentas sensaciones nuevas y nuevos sentimientos que dan al día a día otra dimensión y al mañana otra perspectiva. La novedad entretiene el alma y mantiene las inquietudes expectantes, y el corazón… el corazón vuela feliz deslizándose a través de sueños, recobrando la esperanza, persiguiendo señales que anuncien que estamos en el camino correcto.

Todo puede ocurrir en un día. Ni siquiera requiere preparación previa. Mi hoy ha cambiado bastante: el aire está lleno de perfumes nuevos; se ha alterado la apariencia de mis cotidianas vistas; el tiempo se mide distinto en calles sin prisa; y en mi interior despiertan aspiraciones desterradas y pasiones aletargadas.

Y aunque mi tendencia natural me impulse a elevarme a cielo abierto, pájaro que emigra en estaciones que cambian, siento lazos en mi corazón que tiran de mis pies manteniéndome en tierra. Una tierra no muy lejana. Sin embargo mis pasos me han traído a una tierra nueva, una tierra diferente, una tierra con un lenguaje distinto que he de aprender.

Disfruto de esta transformación de mi realidad, aunque toda luz convive con su sombra, y toda nueva aventura tiene su dosis de esperanza y su dosis de inquietud…

DOMINGO

Acaba la semana. El día se va consumiendo y me llevaré entre las sábanas el sabor de un día más, tranquilo, resignado a poner fin a otra semana en este calendario que no se detiene… Hoy ha sido un día especialmente silencioso, o quizá el silencio se haya avivado en mi interior. Con la sensación de una casa que, tras una celebración, una reunión o una mera comida familiar, se quedara vacía, como hueca.  Y en ese silencio arropo recuerdos que despiertan: de otros sonidos, de otras miradas, palabras que flotan, la memoria que se sacude rebuscando instantáneas que guardamos muy adentro, en los rincones que el alma preserva del paso del tiempo.

Quizá el domingo no sea un buen día para reflexionar. Es un día hecho para detenernos y tomar fuerzas de cara a una nueva semana. Jornadas que nos pondrán a prueba una y otra vez. A lo mejor debería buscar respuestas en los sueños. Podría cerrar mis ojos y rendir mi cuerpo a la “meditación” profunda… muy profunda… muy muy profunda… Buen domingo y buenas noches.

MADUREZ

He descubierto la naturaleza del poder de la edad. Parece que al fin he comprendido el por qué de todas las palabras que rodean la madurez: seriedad, serenidad, sosiego, comodidad, resignación, paciencia… son parte del grupo de palabras que siempre relacionamos con esa etapa de la vida.
Es verdad que la vida pesa y su influencia tendrá, lo cual también me da una idea del por qué de que cuanto más mayor te vas haciendo, al paso de los años, el cuerpo se va curvando, encogiendo y es que con los años, es tanto el peso que se ha soportado que tan solo una estructura de acero u hormigón soportaría erguido semejante sobrecarga. Pero aunque el tiempo, la edad y la vida nos vaya transformando en seres que apenas podemos reconocer, si cerramos los ojos y escuchamos atentos nuestro silencio, se pueden escuchar los sonidos que creemos olvidados, o mas bien, apartados de nuestra consciencia, y descubrir agazapado en un casi invisible rincón de nuestro interior ese yo que aún retenemos sin saberlo, ese yo que nos es familiar y que reconocemos como parte de nuestra vida que, como la espuma del mar, representa la bravura, la espontaneidad, la frescura, la irresponsabilidad y su intrepidez, la fiereza, la vehemencia, el ardor y la inconstancia, y que está ahí para recordarnos lo que fuimos, lo que somos y cuyo vínculo nos da la oportunidad de ser.
A veces, ante el estrépito del devenir de los días, atropellamos esos silencios para no encontrarnos con lo que fuimos o quisimos ser y así acomodar el maduro presente a una existencia resignada y brumosa que mitigue el dolor que causa el calendario de nuestra vida cada vez que arrancamos las hojas que contienen nuestros años. Por eso la resignación va domando nuestro carácter guiándolo por veredas más llanas y transitadas que no entrañan riesgo alguno, pero que por eso mismo son sendas carentes de sorpresas, de emociones que espoleen nuestro existir.
He conseguido apreciar que el verdadero secreto reside en encontrar la combinación natural entre el antes, el ahora y el después, y asumirlo con la misma sencillez con la que el mar muestra la composición de su esencia, infantil en sus juegos con la arena, joven en la pasión de su oleaje y maduro en su calma mar adentro… Y con ello he comprendido también el por qué de mi irremisible atracción por el mar, ya que en parte representa la natural asunción de la vida y su transcurso.

DESEMEJANTES

Las calles están llenas de personas ajenas, desemejantes, ricas en matices, llenas de magia. Me gusta encontrarlas en mi camino. Creo que he desarrollado una destreza especial pare descubrirlas en mi vagar por la vida. Son personas que la sociedad descataloga, como artículos con ciertas imperfecciones, políticamente incorrectos, o con un funcionamiento no ajustado a lo que el resto de la sociedad, la de los aptos, la de los admitidos para las relaciones diarias, conviene como normalizada y reglamentaria para una convivencia ordenada.

Sin embargo, estos seres distintos cuya visión de la vida es apartada de lo ordinario, en la que el ser estuviera por encima del aparentar, la naturalidad por encima del inhibición, la risa explosiva por encima de la contención, le llenan a uno de color incluso en el día más triste y apagado.

Y están ahí, en cualquier lado: a tu lado, ese a quien todos esquivan, del que ríen en camarillas; ese al que llaman inadaptado, al que señalan como impertinente; ese que no viste a la moda, que sigue la música en pentagramas que no están en clave conocida; ese que mira con la boca abierta, el que pone nervioso con su tic; el que habla demasiado alto, o el que se acerca demasiado.

Pero todos ellos, si te aproximas, si detienes tu paso y descubren que los ves, que los oyes, que no los juzgas, contagian esa forma suya espontánea de ser y te acercan a la divergencia.

Te muestran el acceso hacia otra esfera en la que uno acaba sintiéndose bien, acaba sintiéndose sin apreturas.

Las calles están llenas de personas ajenas, desemejantes, con los que me encanta cruzarme, rozarles, sentirles, mirarles a los ojos y buscar su sonrisa cómplice. Resultan flores silvestres frente al enorme escaparate de una floristería en la que todo lo que vemos está decorado para mostrar una imagen homogénea y perfecta.

Pero en los contrastes se encuentran los matices, los tonos que enriquecen, varían e intensifican cada color, necesarios para pincelar un cuadro que destile vida con mayúsculas.

MOMENTOS MINDFUL

Hoy es un día tranquilo, fin de la semana. En esta nueva etapa alterno relax con trabajo, ilusión con nervios, incertidumbre con amor, dolor con crecimiento, y tan caóticamente como puede resultar al leerse. Quizá la experiencia de un largo tramo de camino recorrido en el que se han sucedido diversidad de situaciones, experiencias, emociones, orden, desorden, en fin, todo aquello que la vida representa para cada uno, me hace encarar este tramo con una actitud centrada -por fin- en el presente, en cada segundo, en cada minuto, en cada hora de cada día.

He descubierto que me ayuda buscar momentos mindful. No siempre que se quiere el ánimo es el apropiado. Como ya he comentado en otros escritos, a mi cuerpo, mi mente y mi espíritu les lleva su tiempo estar en la misma sintonía o con ese mismo ánimo calmado propio del mindful, dejando de «darle vueltas a la cabeza» y parar de «rumiar, cavilar o preocuparte» en temas del pasado o del futuro, centrándose en vivir el presente. Pero encuentro huecos por donde escabullirme, observar y guiar mi mente por reflexiones que aquieten las tentativas de insurrección anímica, y en una de esas escapadas me he encontrado sobrevolando todo este tipo de cuestiones: la importancia de llenar el espacio vacío de cada día con los deseos que brotan en cada latido, impulsando acciones, gestos, sensaciones, sonidos, sentimientos como un torrente inagotable que discurre ajeno a las leyes que etiquetan todo lo que somos, sofocando la espontaneidad y la naturaleza salvaje, indómita y sorprendente de cada ser que habita en este mundo.

Yo, en momentos así, vuelvo a ser mariposa.