Categoría: Crónica

HALLAZGOS

La vida no siempre sonríe. De vez en cuando brinda algún respiro y eso nos empuja a continuar. Las reflexiones llegan con el dolor, y el dolor se acrecienta ante las certezas. La vida va terminando los bocetos que trazamos en el comienzo y, de pronto, no reconocemos nuestra obra, nuestras huellas, nuestro camino. El cansancio nos vuelve más vulnerables y permitimos entonces que las emociones que mantenemos ocultas se desborden, nos bañen, nos dañen. Y es la felicidad la que más duele. La que se fue; la que no alcanzamos; la que fue un sueño; la que nunca tuvo sentido. Nuestra naturaleza insatisfecha, curiosa, ambiciosa nos impide disfrutar del presente. Tantas teorías, tantos estudios y guías sobre esa cuestión, solo para llenar los vacíos durante la construcción de lo que llegaremos a ser al final del viaje. Llegó la palabra para narcotizar los sentidos. ¡Tantos usos tiene la palabra! Pero el principal ha sido siempre el de inundar el silencio. Porque en el silencio nos encontramos con nosotros mismos. No hay nadie más en el silencio. Solo la verdad de cada uno, sin adornos.

ENREDANDO PALABRAS

Hace ya una eternidad me gustaba pasar gran parte de mi tiempo libre jugando con mis hijos a descubrir cómo veían lo que les rodeaba. Eran pequeños aún, y apenas conocían más mundo que el de nuestro núcleo familiar. De ahí salió un proyecto que llamé Vamos a enredar palabras. Es hoy el día en que leo sus respuestas y no puedo dejar de sonreír. Su visión de las cosas era mucho más original que la mía, sin duda alguna. «¿Qué es el mundo?», fue una de mis grandiosas preguntas sentada en el suelo frente a ellos y anotando sus respuestas en un papel. Ellos reían y me miraban con curiosidad. Creo que incluso pensaban que a lo mejor yo desconocía aquellas cosas por las que preguntaba y por eso buscaban la forma de explicármelo para que lo pudiera entender: «Es una bola que están todos los países y ahí vive la gente y los animales, los seres vivos…» Se animaba el primero. No recuerdo quién de los tres, pero tras el intrépido o la intrépida, intervenían los demás: «Es una bola que hay muchos países como China, Francia y ésos… Sestao, España y ésos también. Hay muchísimos animales y mucha gente». Aclararé que Sestao es el pequeño pueblo donde vivimos. Al que le daba tiempo a pensar un poco más buscaba la respuesta más impresionante, y se le ocurría lo siguiente: «Es una bola muy grande que también viven más bolas, y que está de noche, pero algunas veces está de día, y sigue más noches… y después los animales. Los animales a mí me gustan, los perros mucho.» Creo que eso fue un mensaje cuasi-subliminal de lo que terminaría ocurriendo después.

Con sus respuestas, yo hacía poemas para ellos que les hicieran reír. Creo que en esos días me sentí un poco Gloria Fuertes y disfruté viendo las cosas a través de sus curiosos ojos. Hoy el tiempo ha pasado para todos y, no sé si para bien o para mal, nuestra forma de mirar se ha ido identificando, y aunque cada uno de ellos tiene su propia forma de observar el mundo, hay días en que añoro aquella manera de descubrirme un mundo que, de adultos, deja de sorprendernos.

VISUALÍZALO

Me siento diferente, pero no ajena al paisaje que contemplo. En lo que mi vista alcanza, tengo en el centro un terroso camino salpicado de espejos que la lluvia ha abandonado a su paso creando figuras geométricas diluidas e incluso ha ido rellenando las huellas de aquella mujer de lento caminar tras un día de afanoso trabajo en los campos.

El atardecer proyecta, entre la vereda de árboles que bordean la orilla derecha del camino, una nebulosa luz crepuscular que envuelve la imagen con un misterioso halo, convirtiéndolo en fantástico espectáculo en el que las copas de los árboles semejan cabelleras inclinadas al paso del viento, mirando en línea hacia los tiempos por venir; a la izquierda, verdes campos de altas hierbas enredadas entre sí formando una espesura compacta que expele frescura sobre el camino.

En el horizonte, una sombra elevada rompe lo vertical de la perspectiva y se pierde junto a un sol que arroja, cansado, como apoyado en ella, el fruto de sus últimos esfuerzos para mantener la luz diurna dentro de un creciente mar de nubes que salpican un cielo que va cerrándose.

Puedo ver, apoyado en uno de los robustos árboles unos pasos más adelantado a mí, el cuerpo lánguido de un hombre; quizá descanse, quizá disfrute de esta espectacular obra de arte, quizá tan solo espere la llegada de alguien con quien compartir el resto del camino.

Desearía estar dentro de este cuadro, no ser una mera espectadora de una realidad ficticia. Hay momentos en que la realidad y la ficción se desdibujan, entremezclando sus contornos.

PASEO EN MODO «AUTOMÁTICO»

No he caminado mirando hacia arriba, ni hacia abajo, ni siquiera hacia los lados, tan solo he caminado. No ha sido hasta después de un rato que he sido consciente de mis pasos. Es curioso cómo a veces funcionamos en modo «automático». Y no es menos curioso descubrir que, a pesar de uno mismo, el cuerpo se mueve sin tener que estar la mente en disposición de hacerlo. Se trata de una experiencia extraña, como si adoleciéramos repentinamente de una especie de ceguera anímica.

He contado a mi favor con el hecho de que me he movido por territorio conocido, o reconocido durante este tiempo suspendido de las obligaciones.

En ocasiones la mente tiende a viajar por separado del cuerpo, incluso tiende a viajar sin permiso alguno, sin criterio, de forma inconsciente, dejando abandonados al cuerpo y al alma.

Esas huidas no siempre resultan agradables. Termina por adentrarse en caminos angostos, cubiertos de maleza, sombríos, que advierten de lo desacertado de recorrerlos. Pero eso a la mente, en momentos de apremio, parece darle igual.

Ser consciente de que he caminado por partes de nuevo me inquieta. Es una práctica que está resultándome demasiado habitual; cuando no se me distrae el ánimo, la mente se fuga sin previo aviso. O quizá sea que ni siquiera había llegado a salir conmigo, encerrada ella en sus elucubraciones y se ha visto, de pronto, empujada a acompañarme.

Sea como sea, voy a tener que establecer con anterioridad las pautas a seguir en mis salidas. Deberé contar con la disposición de todas y cada una de las partes en que suelo descomponerme para comenzar a pasear en plenitud.

LITERATURA Y MÚSICA

Aunando dos de mis grandes pasiones, la literatura y la música, he probado a compartir ambas en este blog.

Cada entrada, cada página, está acompañada de una canción que puede hacer de su lectura, una experiencia aún más interesante.

No obstante, he hecho de ello una elección personal. Quien quiera disfrutar de la lectura con una música que le acompañe, podrá encontrar la opción de activar la canción escogida, que aparecerá con su título sobre el comando del «play» para poder decidir si pudiera ser del gusto de uno, o no.

Aunque yo invito a hacer la prueba y compartir conmigo la especial relación entre estos dos tipos de arte.