Categoría: Crónica

CREO EN TÍ

Cuando el camino se hace duro y te acostumbras a soportar las inclemencias o el dolor en algunos tramos, se echa mucho de menos escuchar a alguien que diga: «creo en ti».

Cuando a través de las muchas vivencias que se van amontonando en cada vida, alguna se rompe arrastrando en el desastre parte de uno mismo, se anhela a alguien que susurre: «creo en ti».

Hemos dejado de creer no solo en las grandes cuestiones, como es la religión de cada uno, la solidaridad, la justicia, sino también en aquellos que nos rodean. Incluso hemos dejado de creer en nosotros mismos y por eso la conformidad se extiende por todas partes. Una conformidad mansa, silenciosa y —en ocasiones— amarga.

«Creo en ti», tres palabras que podrían reconstruir el mundo: el que nos sostiene y nos acoge y al que devoramos, y el pequeño universo de cada uno.

Creo en ti… es algo que hay que practicar y quiero hacerlo con mis hijos, para que sepan que, a pesar de la dureza de lo que afrontarán, yo siempre creeré en ellos y en su capacidad para superarse. A pesar de los errores, caídas y desastres con los que convivan…

CREO EN TI.

FELIZ CUMPLEAÑOS, GLORIA

Hoy recordamos el día en que nació Gloria Fuertes, 28 de julio de 1917, en Madrid. Es para mí una escritora con una voz propia y una vida compleja consagrada a las letras y a transmitir esa pasión a través de sus escritos y sus intervenciones en entrevistas y charlas.

Fue una mujer, como muchas de su época, con una familia modesta que, según ella misma relata, contaban con escasez de medios, por lo que pronto decidió trabajar para poder contribuir en casa. Lejos de conformarse con la educación de aquellos tiempos, Taquigrafía y Mecanografía, así como en Higiene y Puericultura, ella decide matricularse en Gramática y Literatura. Si algo tenía claro es que no quería ser ni niñera, ni modista.

Con una afición precoz por las letras comienza a la temprana edad de cinco años, cuando ya escribía y dibujaba sus propios cuentos. Publica su primer poema con tan sólo catorce años en 1932, bajo el nombre de Niñez, juventud, vejez, persiguiendo desde joven la edición de sus escritos. A los quince ya recita sus versos en Radio España de Madrid y a los diecisiete da forma a su primer libro de poemas, Isla ignorada. En el prólogo Gloria decía:

       «Mi poesía está aquí, como nació –sin ningún ropaje de retórica–,
                        descalza, desnuda, rebelde, sin disfraz.
                         Mi poesía recuerda y se parece a mí».

Estas palabras seguirían siendo válidas para toda su trayectoria literaria. Gloria Fuertes obtuvo numeroso premios y reconocimientos a lo largo de su carrera, y su obra es profusa tanto en literatura infantil como para adultos, que pasa por cuentos, poesía, teatro, televisión y prensa literaria infantil.

El conjunto de la obra de Gloria Fuertes se caracteriza por la ironía con la que trata temas tan universales como el amor, la soledad, el dolor o la muerte. Despuntan las metáforas, los juegos lingüísticos y el carácter fresco y sencillo que dotan a sus poemas de una gran musicalidad y cadencia cercana al lenguaje oral. Su acento lírico es uno de los más personales, auténticos y distintivos entre los poetas contemporáneos.

En un día en que hubiera cumplido los años, este pequeño homenaje en mi rincón a una autora que tanto me ha aportado, que tanto nos ha aportado. ¡Feliz cumpleaños, Gloria!

AL BORDE
Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

HEMOS DE PROCURAR NO MENTIR
Hemos de procurar no mentir mucho. 
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.
De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: «Tengo cuarto de baño»
-mi casa era pobre con el retrete fuera-.
«Mi padre es ingeniero» y era sólo fumista,
pero yo le veía ingeniero ingenioso!
Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.
Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.

CARTAS AL APRENDIZ DE HOMBRE

The Temperature of the Air on the Bow of the Kaleetan_Chris Zabriskie

CARTA NÚMERO 1 (París, 17 de febrero 1903)

          […] «Pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas editoriales rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien —ya que me permite darle consejo— he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie… No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: “¿Debo yo escribir?” Vaya cavando y ahondando en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un “Sí debo” firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehúya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.
          Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese camarín que guarda los tesoros del recuerdo? Vuelva su atención hacia ella. Intente hacer resurgir las inmersas sensaciones de ese vasto pasado. Así verá cómo su personalidad se afirma, cómo se ensancha su soledad convirtiéndose en penumbrosa morada, mientras discurre muy lejos el estrépito de los demás. Y si de este volverse hacia dentro, si de este sumergirse en su propio mundo, brotan luego unos versos, entonces ya no se le ocurrirá preguntar a nadie si son buenos. Tampoco procurará que las revistas se interesen por sus trabajos. Pues verá en ellos su más preciada y natural riqueza: trozo y voz de su propia vida.
          Una obra de arte es buena si ha nacido al impulso de una íntima necesidad. Precisamente en este su modo de engendrarse radica y estriba el único criterio válido para su enjuiciamiento: no hay ningún otro». […]

Rainer María Rilke

Entre lecturas de obras nuevas y proyectos por encarar, me gusta volver sobre esas letras que en su día calaron en mí de una manera especial. Quizá por ser miércoles, ecuador de una calurosa semana y con una lista de «pendientes» que logra que mi cabeza se encuentre como la A-2, a su paso por Madrid en plena hora punta, mi espíritu busque evadirse retomando esas lecturas que me retrotraen en el tiempo y que, con su magia, vuelven a cargarme las pilas. Este es el caso de Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke. De su carta primera destacan para mí sus palabras sobre el móvil que impele a escribir a cada uno. Es una pregunta que uno debe hacerse, estoy totalmente de acuerdo, y en base a la respuesta que hallemos, ser absolutamente consecuentes con ella. Todo aquello que elegimos hacer requiere de preparación, de formación, de búsqueda continua de fuentes donde saciar la sed por aprender y aprehender todo lo que tenga que ver con la elección hecha por cada uno.

Como dice Antoni Pascual, leer a Rilke es leernos a nosotros mismos. Transformar la conciencia significa descubrir todo el potencial humano que está en nosotros. Leerle, nos facilita claves para entender no sólo su proceso vital sino también el de cada uno.

ESTE VIAJE

El tiempo está inquieto. Quizá tanto como los tiempos que estamos viviendo. Mis tiempos tampoco están radiantes, pero he podido descender por la vereda del pensamiento hasta la orilla del mar de las promesas. El viento que sacude mis reflexiones me zarandea y siento como las olas de mi marejada vuelan empujadas por él, sin voluntad, turbias. Estos días surcan mi realidad infinidad de pequeños aguaceros que no se si son augurios de tiempos mejores o antesalas del caos. Debo reconocer, aunque no quiera, que estoy cansada de tanto pensar, de tanto sentir, de tanto buscar… quisiera tan solo dejarme ser, como las olas. Ir y venir sin buscar sentido a cada instante. Resignarme, dejar de escarbar en mi interior.

Embarcarse en una aventura no garantiza que finalmente encuentres el tesoro. Embarcarse en una aventura ni siquiera significa que estés buscando un tesoro. Embarcarse en una aventura ni siquiera, en ocasiones, es decisión propia. Improvisar. Creo que he hecho un arte del improvisar. Tampoco es que esté el mundo como para mirar mucho al horizonte, así que hay que caminar mirando cada paso que se da. Consciente de que se camina.

Y aquí, en la orilla de una calma que viene y va, mecida por estas marejadas internas, con el corazón apretado y una ulcera que se reabre en el alma, me conmino a abandonar esta extravagancia de perseguir la lógica, la coherencia, el equilibrio. Los pies se hunden en las arenas de la incertidumbre y creo que porto, aún, demasiado lastre.

Y es que, me cuesta tanto soltar aquello que se me ha ido adhiriendo en este viaje…

MI HOMENAJE A LAS MUJERES

Mujer. Flor en el principio de los tiempos. Propia del jardín del Edén. Frágil, misteriosa, superviviente, soberana.

          Así rompiste, tú, umbral de la complejidad de la vida, la ternura que la gracia te concedió. Celoso de su misterio, de su entereza. De aquello que escapaba a tu comprensión, a tu dominio… masculino tú. Te aislaste en una burbuja de narcisismo y salvajismo. Te erigiste dador del pan y la vida relegando los votos de entrega mutua a un mero contrato mercantil.

          Mas ella persiste, a pesar de las inclemencias, ajada la piel y los sueños. Portan sus manos los añicos de piedras que recibe de ti.

          Terca mariposa golpeada contra el espejo, dañando su rostro y su voluntad, pero aun así, sosteniendo, entre tanto gris, el rojo de su llama.

          Te pueden vender, cambiar, sepultar, quemar, golpear, matar… Que resurgirás de tus pedazos, parches sobre tu estructura. Frágil e invencible, eso es lo que importuna a la naturaleza guerrera de aquellos que quieren imponerte su voluntad.

          Podrán cubrir tus labios con las más finas sedas o el más basto esparto forzando tu voluntad de manifestar. Pero siempre resurgirás, brote de vida en tierra estéril.

          Te interpondrás entre las voces y el reposado ambiente en el que se ha de desarrollar tu simiente.

          Te romperás en pedazos y estos formarán un puzle que tan solo otras de tu género sabrán componer.

          Evitando la ceguera y la lástima, el llanto y la autocompasión. Lanzando mensajes de socorro a través de los mares que surcamos. Rompiendo mordazas, desoyendo órdenes, acallando sollozos.

          Recuperando cada pieza que hemos ido perdiendo en nuestra evolución. Superando el amor que mata. Lanzándonos a un pulso en igualdad entre hombre y mujer.

          Somos parte de la madre tierra y como tal, recogemos nuestros desechos para abonar el campo futuro donde habrá de crecer una nueva generación más segura, más firme.

          Guardiana de la vida. Portadora de la belleza. Transmisora de la luz. Habrás de conseguir convencer a aquel que te sujeta para que cambie las cadenas por una atmósfera donde pueda prosperar la esperanza a través de nuevos brotes de una vida no marcada por su género, sin límites… preservados por la llama de la fe.