Categoría: Poesía

Y YO…

Cómo sobrevivir a este calvario,
a este terrible sufrimiento
de vivir cada día muriendo.

Cómo sobrevivir contemplando impotente
que la vida de quien tanto amas
se consume lentamente
sin remedio,
entre seres incongruentes
que jamás darán consuelo
a una vida condenada
a una cadena perpetua,
donde ya no habrá cabida
para ilusiones ni sueños.

Se consume de amargura
y yo…
de su amargura muero.

Palmi Merino Portela

CANSANCIO

¿Lloras corazón?, ¿por qué lo haces?
¿Acaso la armonía has extraviado?
De nuevo tu latir se oye cansado,
¡has estado siguiendo astros fugaces!

Tu recto caminar abandonaste,
paseabas como el aire entre las hojas
tiñendo en tu vagar las flores rojas
y hoy perdiste el color, ya no hay contraste.

Consumirás tu ser en la ceniza
que tus brasas incendiaron con la brisa,
estallando mientras tu ánimo agoniza,

extinguiendo en la rutina y en la prisa
ese latir que en el dolor se paraliza,
y que atropella los sueños y la risa.

Idoia Mielgo Merino_firma

VIRUS

Sombrías nubes
se amontonan en un cielo herido.
El sol derrama su sangre
en agónico intento
por encender conciencias,
por adelantar la primavera
para que la vida estalle
y se derrame la sensatez
sobre los hechos estériles,
en un mundo que hiberna,
sordo al clamor de los tiempos
que olvidan el pasado
y despeñan el futuro.
La clave está en tejer minutos
en el tiempo presente
que conformen la resistencia
contra esta desgana
que infecta a la humanidad.

Idoia Mielgo Merino_firma

ESTOY

Estoy, lo sé,

a pesar de continuar donde estamos
hay veces que la distancia parece crecer.

En ocasiones un silencio
se entierra más profundamente
que las palabras repetidas,
quizás oí tu silencio.

Te ofrezco espejismos que rompen
contra los arrecifes que rodean estos días,
convirtiéndose en espuma.

Y tú esperas…
perseverante, imperturbable.
Te imagino arena
en espera de la caricia del mar.
Te sigo buscando
escondida entre mis inquietudes,
exiguo consuelo, lo sé;
ni siquiera las manos,
esas que, al pasear, se prenden a las tuyas
me responden.

Mi interior se agita,
impaciente,

ante la ausencia de indicios
que anuncien que ya todo está en calma.

Amaina la tempestad, despacio…
Y yo,

necesito del refugio que me descubrieron tus brazos.

Tras la niebla

Idoia Mielgo Merino_firma