Quinteto Sonare – Melodramma Andrea Bocelli (instrumental)
Cómo sobrevivir a este calvario, a este terrible sufrimiento de vivir cada día muriendo.
Cómo sobrevivir contemplando impotente que la vida de quien tanto amas se consume lentamente sin remedio, entre seres incongruentes que jamás darán consuelo a una vida condenada a una cadena perpetua, donde ya no habrá cabida para ilusiones ni sueños.
Se consume de amargura y yo… de su amargura muero.
He encerrado mi oleaje en un estuche y le oigo bramar atormentado, se golpea con las rocas del fracaso que revisten mi interior de acantilado.
Es tan frío y tan gris este paisaje que a mis ojos remonta como lluvia, galopa la distancia en un suspiro entre un pasado y un presente que se enturbia.
Sombrías nubes se amontonan en un cielo herido. El sol derrama su sangre en agónico intento por encender conciencias, por adelantar la primavera para que la vida estalle y se derrame la sensatez sobre los hechos estériles, en un mundo que hiberna, sordo al clamor de los tiempos que olvidan el pasado y despeñan el futuro. La clave está en tejer minutos en el tiempo presente que conformen la resistencia contra esta desgana que infecta a la humanidad.
a pesar de continuar donde estamos hay veces que la distancia parece crecer.
En ocasiones un silencio se entierra más profundamente que las palabras repetidas, quizás oí tu silencio.
Te ofrezco espejismos que rompen contra los arrecifes que rodean estos días, convirtiéndose en espuma.
Y tú esperas… perseverante, imperturbable. Te imagino arena en espera de la caricia del mar. Te sigo buscando escondida entre mis inquietudes, exiguo consuelo, lo sé; ni siquiera las manos, esas que, al pasear, se prenden a las tuyas me responden.
Mi interior se agita, impaciente,
ante la ausencia de indicios que anuncien que ya todo está en calma.
Amaina la tempestad, despacio… Y yo,
necesito del refugio que me descubrieron tus brazos.