DÍA DE LLUVIA

Salió a pasear despreocupadamente pese a la lluvia, o mejor dicho, precisamente por estar lloviendo. No llevaba paraguas y su paso era lento, como si disfrutase de cada avance a través del húmedo terreno. Llevaba una vida tranquila y sin sobresaltos, pero ni falta que le hacía ¡bastante loco estaba el mundo!

Se detuvo a comer en un bonito lugar, verde y exuberante, cuando de pronto, se vio alzado del suelo. Retorciéndose veía el suelo cada vez más lejos. Un golpe seco al caer, incertidumbre, asombro y finalmente, curiosidad. Había otros como él en aquel extraño lugar que parecía suspendido en el aire.

El hombre volvía contento a su casa, aquella tarde había recogido un buen saco de caracoles.

Idoia Mielgo Merino_firma

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